te llamaré viernes

¿De qué murió Menard, contemporáneo de La trahison des clercs, de Bertrand Russell, de William James?  Se extrañarán aquellos vendredis…

Carlyle y Marx no fueron los únicos que aprendieron español para leer a Cervantes. También lo hizo Andre Chamson, nacido en Nîmes, cofundador de la revista Vendredi junto con Jean Guéhenno, órgano del Frente Popular francés y conspicuo orador del Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que sesionó en Madrid y Valencia en 1937, mientras las dos Españas, la de la pandereta y la de la cruz combatían en lo que fue el laboratorio que anticipó la carnicería de la guerra de 1939.

Cuenta Jorge Volpi, en “Octavio Paz en Valencia”:  En tren, Paz y Garro llegaron a Barcelona y, al día siguiente, a Valencia. Durante una paella que el jefe de Gobierno Juan Negrín ofrece a los intelectuales, un joven se acerca a recibirlos: Arturo Serrano Plaja, poeta pert eneciente al grupo de Hora de España, quien se encarga de conducir a la pareja a la sesión de apertura del Congreso. Durante las primeras sesiones en Valencia toman la palabra, además de Negrín, Alexei Tolstoi, Mijail Koltsov y Gustav Regler, ovacionado por haber sido herido en el frente. El crítico francés Julian Benda declara que “el intelectual está perfectamente en su papel saliendo de su torre de marfil para defender contra el bárbaro los derechos de la justicia”, mientras el español Julio Álvarez del Vayo afirma: “Somos combatientes de la cultura”.

El 6 de julio, el Congreso se traslada a Madrid. Durante la estancia de los delegados en la ciudad, los franquistas la bombardean cada noche, mientras ellos cantan “Madrid, qué bien resistes”. A las cinco de la tarde, en medio de una sesión, se lee un telegrama que anuncia el triunfo de los republicanos en el frente de Madrid. El general José Miaja, responsable de la maniobra, es nombrado presidente honorario del Congreso. El día 10 los trabajos regresan a Valencia. Ahí uno de los oradores es el escritor francés André Chamson, de la revista Vendredi. Dice: “Quisiera tener las fuerzas para llevar un testimonio tan clamoroso que mañana en las ciudades que se encuentran todavía seguras, en París, en Londres y en Nueva York, cada vez que se levantara el alba, a la hora en que se desencadenan las incursiones de los aviones sobre Madrid, no haya mujer, no haya un hombre que no sienta angustia en el fondo de su corazón”.

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