El tamaño ¿importa?

Incómodo entre sábanas y plumas de ganso, esa cofia ridícula de abuela, harto de sus estratagemas y de su hambre, el lobo la espera. Dios le da pan al que no tiene dientes, reconoce. La ironía, que es pena, la amengua con humor elevado y cáustico. Esa boca tan grande –“para comerte mejor le toca decir”– prevé clara superioridad respecto de ella en temas de tamaño, en ese infamante guión, que odia más que las plumas de ganso y las ropas con olor a enfermedad y vejez de la abuelita, tan grande y tan inútil, piensa el lobo. Tanto esfuerzo, tanta boca y al final soy el más hambriento y absurdo artista del hambre. Ni siquiera me servirá el inmenso hocico para  partirle la boca a la mocosa cuyo cuerpo se mueve bajo estas sábanas. Se comerá todo, en particular la gloria, ese leñador que simplemente entra a esta historia por azar.  

Moraleja: Los animales no debemos compartir las fábulas con humanos. 

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