Los viejos no son abuelos. Son un espejo de tu propio futuro

Posted in Esto es todo, amigos, Historia Universal, Uncategorized on febrero 8th, 2018 by soypielroja

Como no todo varón es padre ni toda mujer madre los viejos no son abuelos. Tras esa esa especie de “familiarización” cariñosa escondemos en vano nuestro crudo cinismo. Hablamos de la democracia como si fuéramos atenienses pero recurrimos a las normas espartanas sobre el descarte de los malqueridos, los imperfectos, los frágiles, los anormales, los inútiles. Tenemos muchos montes Taigeto porque los viejos son montones.  A la vulnerabilidad inherente al viejo (alguien que está muy consciente de la salud que ha perdido por efecto de la mera, inevitable oxidación) se le suma el hecho irrebatible de que gran parte de los viejos se volvieron “inútiles” toda vez que sus conocimientos perdieron su relevancia y valor o carecen de canales donde circular.

Los viejos no se viralizan ni piden transplantes que nunca les van a dar porque están en la antesala de la muerte. Abuelizarlos los caricaturiza. Podría hacer una lista de las guarradas inmundas de mensajes publicitarios estereotipados pero lo que más me molesta es que ahora haya gente a quienes no incomode que los viejos sean llamados abuelos.

Los viejos no tienen rating, son al mismo tiempo gente tal vez muy sola a la que nadie quiere ver realmente, porque es un memento mori, un recordatorio de la inevitable Parca. La idea actual de que hay cosas que se “visibilizan” señala que existen básicamente la invisibilidad como fondo tras el cual algo que ya estaba ahí se vuelve visible. Es decir que casi todo es invisible y opaco. Sin embargo sabemos todos bien la respuesta al enigma de la Esfinge que derrotó Edipo precisamente sobre las edades del hombre. Estamos acá en el hombre de tres patas, el que precisa bastón.

Retomando: La causa de los viejos es la menor (la más menor, diría) de todas las causas. Hay que recordar bien que todo viejo fue joven para que todo joven tenga muy presente que inevitablemente, por ahora, será viejo. Viejo de toda vejez. Vida desnuda.

 

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¿Siniestros? ¿Un poco subalternos? Una historia zurda por entregas

Posted in Esto es todo, amigos on julio 13th, 2016 by soypielroja

Ser zurdo no es un estigma, dicen investigadores: ¡Gracias!

Las minorías recesivas están por solicitar modificaciones en el diccionario. Empezando por eso de siniestros, que es antónimo de diestros y siguiendo por toda la serie de adjetivos que, como recto (right) no se aplican a quienes usan su mano izquierda como otros la derecha, pero que apenas representan el 13% de la población humana.

Los datos:

   Ser zurdo no es un problema ni una patología, es una condición que caracteriza alrededor de un siete por ciento de las personas. Los zurdos usan preferentemente su mano izquierda para escribir, recortar, peinarse y para todas las actividades habituales en que es necesario utilizar las manos. Todos los seres humanos tienen preferencia por el uso de una de sus manos. Esta tendencia se basa en una característica neurológica que se llama-“lateralidad”.
La única problemática que puede llegar a tener un zurdo es un retraso en la coordinación ojo mano, puesto que el mundo está más bien diseñado para las personas que utilizan la mano derecha y que se pasan los objetos preferentemente con esta mano, por lo que le requerirá más trabajo la integración.
A veces a los niños zurdos les cuesta más entender el concepto izquierda-derecha y pueden tener dificultades con el aprendizaje de la escritura inicial. Una solución para facilitar el desarrollo de la coordinación visomotora es aumentar la estimulación con lápiz y papel, y tener cuidado de afianzar su lateralidad izquierda pasándole los objetos para que los tome con su mano izquierda, es decir, respetando su lateralidad que está determinada genéticamente y que no debe contrariarse.

Se ha dicho que los niños zurdos son más creativos, porque tienen más conexiones entre el hemisferio izquierdo y derecho, y parece que èsto es verdadero, ya que hay una gran cantidad de personas zurdas que son artistas y escritores, o que tienen otros talentos que suponen creatividad.

Nunca debe presionarse a un niño zurdo para que escriba con la derecha, ya que significa contradecir su condición neurológica y algunas investigaciones han planteado que el presionar al niño a escribir con la mano derecha podría acarrearle problemas en el área del lenguaje como tartamudez y además tendrán, a raíz de ello, un menor nivel de eficiencia motriz.

Algunos niños aparecen como ambidextros, es decir, los padres reportan que son igualmente eficientes con ambas manos. Esta condición es bastante poco frecuente. Una manera de saber cuál es la mano dominante del niño es hacerlo repartir cartas con ambas manos, la mano con que es capaz de repartir más cartas es la mano dominante.
Si tiene igual habilidad con ambas manos, significa que probablemente que es zurdo, porque la presión para escribir con la derecha es muy fuerte y esa estimulación es la que tiende a convertir a los niños o niñas zurdos en ambidextros.
A la mayoría de los niños zurdos la primera etapa de la escritura puede provocarle algunos problemas, porque tienden a escribir de derecha a izquierda, en vez de izquierda a derecha, que es como se lee y escribe en nuestra lengua. Una manera fácil de acostumbrarse a escribir en la dirección correcta es poner un puntito rojo con una fecha en el lado izquierdo, para que el niño vaya dibujando los números y las letras en la dirección correcta.
En los niños zurdos hay que afianzar más la lateralidad que en los niños diestros, porque como se dijo anteriormente la presión social a usar la mano derecha es tan fuerte que puede confundir al niño y retrasar la adquisición de su lateralidad.
El primer consejo es no hacer sentir al niño o niña distinto por usar preferentemente la mano izquierda y contarle que los niños que usan esa mano tienen la ventaja de ser más creativos.

 Son niños alegres, sociables, participativos, movidos, se esfuerzan en sus trabajos de aula, son responsables y curiosamente son casi igual de atentos que de distraídos, suelen ser constantes, ordenados, autónomos, callados, pero también destacan por no finalizar sus tareas escolares dentro del aula, se presentan creativos, son seguros e inseguros, sumisos, introvertidos, hiperactivos, tolerantes, pasivos, y suelen mostrarse tensos y alguna vez agresivos…

– Evolutivamente se puede observar:

Zurdos de mano de 3años: porcentaje elevado de no zurdera de pie y de oído, y frecuencia más alta en ojo izquierdo.

Zurdos de mano de 4años: similar al de los 3años, excepto el oído que se muestra con predominio izquierdo.

Zurdos de mano de 5años: igual frecuencia de niños que presentan lateralización izquierda o derecha de pie y de ojo, la zurdera de oído es superior

Zurdos de mano de 6años: predominio de pie derecho, pero son más zurdos de ojo y oído.

Zurdos de mano de 7años: más zurdos de pie, menos de ojo y muchos menos de oído.

Zurdos de mano de 8años: más diestros de ojo y más zurdos de pie e igual de oído.

RECOMENDACIONES:

1.- Es necesario ser tolerante con ellos al comienzo de la escolaridad, porque a lo mejor les costará un poco más la lectura y aprender los conceptos derecha a izquierda, pero rápidamente con la enseñanza apropiada superará esta dificultad.

2.- Cuando su hijo o hija llegue a los cuatro o cinco años y empiece a usar los conceptos de derecha a izquierda con la mayor frecuencia posible, di por ejemplo: “vamos a doblar a la izquierda y ahora vamos a tomar por la derecha” o bien “pásame tu mano derecha” o “¿qué tengo escondido en mi mano izquierda?”. También puede ser útil poner un día una estrellita en su mano izquierda y otro día un punto en la mano derecha para que vaya reconociendo el lado derecho e izquierdo de su cuerpo.

“ No los fuerce a ser diestros, respetemos su condición natural”.

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¿Identidad? ¿Latinoamericana? Una sopa en mi mosca, mozo.

Posted in Historia Universal, Peer Review on septiembre 24th, 2015 by soypielroja

¿Ser, existir o mostrar un documento?

Se impone aclarar un equívoco generalizado para prevenir contra la profusa producción que asedia sin mucho rigor el tópico de la identidad dando por buena la asociación libre sin obligación de justificar corpus que, en princpio, no avalan las deducciones ni las conclusiones del género en cuestión. Por momentos parecería sugerirse que una conciencia pone en duda una identidad que no parece fenomenológicamente en riesgo. Como no se espera tampoco una última palabra ni que se presente la menor evidencia sobre lo que se dice o una justificación del corpus y las citas a las que se recurre para hilvanar afirmaciones que no comprometen conceptos ni identidades y que han decidido prescindir de todo argumento histórico para concentrarse en aplaudir a los que parecen ser más “identitarios”.

Postular una relación acrítica entre lo que se piensa, lo que dice, lo que se hace y la apertura a la estrategia que a veces negamos de plano a todos los actores capacidad de planificar y actuar, como si a diferencia del resto de los humanos, que no están obligados a declarar en su contra, el pasado sólo vendiera marionetas inertes. Y, además, esa figura del malísimo que goza en soledad y celebra su maldad. Inverosímil.

Contra seguras desinteligencias provocadas por ese error de método conviene recordar, del policial, la idea de un móvil. Es escaso en número el batallón de los que combinan acciones muy fuertes con una indiferencia entre estética y quejosa, como la del existencialismo. Todo es absurdo porque hay pereza para dar sentidos o porque lo es. Una mirada a lo real, a todo lo que se pueda asir de la calva aparición de eso, sirve para no creer que son historia las historias que se cuenta uno con briznas irrelevantes de fundamento. Dame una palanca y me expliques lo que no comprendes, antes de haberlo comprendido o sin intentar siquiera comprender. Eso no es relativismo ni ideología sino el estilo y la sustancia genérica que se exige al discurso “referado” por los pares. Dios es el primer evaluador registrado: vio que era bueno. O sea, no se descarta que pudiera haber dudado. Los errores, como siempre, se ocultan a la posteridad si se posee absoluta y divina impunidad, como es el caso pero han quedado abiertos otros mundos posibles. Como en las creaciones genuinas, nadie puede venir a hacer todo de nuevo y en tan gran medida: los cielos, la tierra y lo demás. Si cesuras radicales de la índole se presentan, pues ya pasan a ser religiones otras. Que en lo general, pese a las guerras por el monopolio de la infalible interpretación, han buscado estipular su continuidad y sucesividad. Los libros entre sí postulan preeminencia y por lo tanto una idea de progreso. Quizás es menos enfática la negación de lo nuevo de lo que parece. Que haya o no algo nuevo bajo el sol puede ser un reconocimiento empírico de la energía con la que el sol persiste en su ser, comparada con lo que sucede debajo. Arriba está el gran Medidor, el Patrón, el término y la tasa. Medida de totalidad: lo que va de Oriente a Occidente.

De la gran inflación retórica se puede salir. Requisito muy saludable es dejar de suponer que decir lo bueno es ser bueno. El poder mágico de la palabra no justifica especulaciones que juzgan los instrumentos lógicos. El árbol y el rizoma son, en el infinito, fractales. Hay derecho a suponer que el margen de error de la hormiga no difiere de otros. Las determinaciones sobre lo que se puede pensar no obligan a las de lo que se puede mirar.

Es hora de un combate por la historia

Dicho sea de paso: ¿Alguien que trabaja sobre el tópico de la identidad nacional, americana, hispanoamericana, indoamericana, iberoamericana o sus variantes y versiones ha pensado en la Gran Emigración, en qué identidad tienen los sesenta millones de cuerpos que se embarcaron hacia América huyendo de la pobreza europea? ¿Qué hacer con la identidad de todos los hijos de los emigrantes? Un punto a favor para los escribanos: se conforman con hijo de tal y cual, de estado civil tal y cual, vecino de la localidad tal y cual, nacido en fecha tal y cual y con tan poco acreditamos identidad. Y el mundo anda y si anda mal no es por falta de identidades…

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Seré artillero, mamá

Posted in Historia Universal, Reproducción sexuada on agosto 25th, 2015 by soypielroja

La valerosa participación de emigradas españolas en la resistencia francesa durante la guerra ha sido poco agradecida. Ni hablar del silencio que pesa sobre los campos de concentración donde fueron encerrados tantos republicanos en el exilio tras la victoria de Franco.

Basta ver las imágenes de este video y escuchar la letra de las canciones para entender cuán  natural es la valentía de la mujer, que siempre ha sido valiente, y qué natural es que en ejercicio de cualquier deber, se de por sentado que conserve siempre la misión de glorificarla memoria de un hombre, incluso si está en juego su vida. Y más, tiene que saber quién es el padre del niño. No hace falta estar en el frente para saber que la mujer es soldado, que está soldada como por la suela del zapato a lo que le toque hacer y sin esperar nada. Ni las gracias.

Decorativas, inspiradoras, las mujeres valientes a veces son las qué más sufren “violencia de género”. Cuanto más tiene más se le puede pedir. Parece ser una variante más humanitaria que el castigo y más conveniente para el amo, que tal vez no se anime a pegarles. Se dice que la mujer es más “sufrida”. Lo dicen los que saben que es más sufrida porque son quienes las hacen sufrir en el conocimiento de nadie sabrá nada de dolores ni habrá la menor queja. Eso es ser sufrido: acatar, aguantar, tolerar y seguir cultivando el jardín de quien no le dará ni una flor. Los animales que el hombre domesticó para que lo sirviera reciben al menos un trato que evita que los abusos le impidan cumplir con esos servicios. La otra domesticación, que lleva dos años y que coincide con la “historia” del mundo, ya que desde que hay registro escrito la mujer ha sido abiertamente excluída, tanto de la racionalidad como del bien y de la belleza, de la educación, de la ciudadanía, del canto, del ministerio religioso y de la libertad de reunión con sus semejantes. Esta domesticación es la primera y la más definitiva para cualquier otra de las que pueden pensarse. Engels pasa muy rápidamente de la breve queja por el triunfo del patriarcado a desarrollar asuntos más importantes. Y, sin embargo, no hay asuntos más importantes. No hay proletarios sin prole: sus mujeres sí tienen mucho que perder. La idea de que la prole signifique tan poco comparada con los beneficios materiales sólo puede ser concebida por un varón, que no tiene idea de lo que cuesta esa fabricación a quien pone su cuerpo, tiempo, salud y energía mientras el proletario aun sin prole pasa hambre, como ella, pero sin otra preocupación que la de cualquier otro proletario. Eso pasa también con el burgués y el duque. Someter a un igual, aunque no se lo considere igual, como atestigua el memorial de agravios bimilenario que nadie ha desmentido, asegura no poca sensación de poderío y de impunidad a quien tiene ese poder sobre algo humano. La igualdad recientemente postulada y exigida por la ley puede muy bien ser letra muerta. Una verdad hay y es la del mando. Nunca el perro mandará al amo. Herrshaft, el dominio, el señorío se poseen por nacimiento y costumbre y son masculinos. Para no ejercerlo hay que renunciar a él. Nadie baja del caballo para volverse hombre de a pie y no hay ninguna razón para que exista un hombre de a pie sino porque hay otro, que está a caballo. Razón por la cual el centauro es el único híbrido que lejos de ser un monstruo encarna la absoluta perfeccion y el poderío. Otros dirán que la belleza, pero eso presupone que el caballo es, como se pretende, tan feliz como el jinete. Por ahora no lo sabremos.

En todas partes se admite que en los relatos heroicos de la Resistencia Francesa se ha silenciado el valor de las mujeres españolas que debieron emigrar tras la victoria de Franco. Decorativas, inspiradoras, las mujeres valientes a veces son las qué más sufren la violencia. Tal vez no se animen a pegarles, no se conformen con domesticarlas “por las buenas”, exigiéndoles coraje, recursos, cuidados maternales y todo lo que cualquier hombre hace sin que, como un hombre hace, consiga que otro cante sus glorias o logre hacerse oír y aplaudir sus proezas. Se dice que la mujer es más “sufrida”. Lo dicen los que saben que es más sufrida porque son quienes las hacen sufrir en el conocimiento de nadie sabrá nada de dolores ni habrá la menor queja. Eso es ser sufrido: acatar, aguantar, tolerar y seguir cultivando el jardín de quien no le dará ni una flor. Los animales que el hombre domesticó para que lo sirviera reciben al menos un trato que evita que los abusos le impidan cumplir con esos servicios. La otra domesticación, que lleva dos años y que coincide con la “historia” del mundo, ya que desde que hay registro escrito la mujer ha sido abiertamente excluída, tanto de la racionalidad como del bien y de la belleza, de la educación, de la ciudadanía, del canto, del ministerio religioso y de la libertad de reunión con sus semejantes. Esta domesticación es la primera y la más definitiva para cualquier otra de las que pueden pensarse. Engels pasa muy rápidamente de la breve queja por el triunfo del patriarcado a desarrollar asuntos más importantes. Y, sin embargo, no hay asuntos más importantes. No hay proletarios sin prole: sus mujeres sí tienen mucho que perder. La idea de que la prole signifique tan poco comparada con los beneficios materiales sólo puede ser concebida por un varón, que no tiene idea de lo que cuesta esa fabricación a quien pone su cuerpo, tiempo, salud y energía mientras el proletario aun sin prole pasa hambre, como ella, pero sin otra preocupación que la de cualquier otro proletario. Eso pasa también con el burgués y el duque. Someter a un igual, aunque no se lo considere igual, como atestigua el memorial de agravios bimilenario que nadie ha desmentido, asegura no poca sensación de poderío y de impunidad a quien tiene ese poder sobre algo humano. La igualdad recientemente postulada y exigida por la ley puede muy bien ser letra muerta. Una verdad hay y es la del mando. Nunca el perro mandará al amo. Herrshaft, el dominio y el señorío se poseen por nacimiento y costumbre, por ahora. Para no ejercerlo hay que renunciar a él. No es frecuente. Se descuenta que la madre del futuro artillero tiene que saber quién es el padre.

Un dilema: el futuro llega pero el pasado no se cancela

En 1879, el autorizado catedrático y pensador Manuel de la Revilla se admiraba desde las páginas de una revista madrileña del altruísmo de su época: “Para todo ser que sufre y llora hay en esta época amor y simpatía; el niño, la mujer, el proletario, objeto son de su atención y sus desvelos, y no hay pensador ni estadista que se sienta tranquilo y satisfecho mientras el dolor y la desgracia existan en el mundo. La caridad se extiende a todo ser vivo y por todas partes surgen pensadores que de la suerte de los infelices y los desvalidos se preocupan, y hombres de acción que se asocian y trabajan para llevar a la práctica los humanitarios principios de los primeros. Pudiera decirse de este siglo, como de la Magdalena, que mucho le será perdonado, porque ha amado mucho; y pudiera afirmarse también que si el cristianismo es la religión de la caridad, y del amor, no hay siglo más cristiano que éste, que apenas cree en Cristo.” Es sorprendente que las reflexiones sobre la desigualdad o igualdad de la mujer estuvieran determinadas entonces por el interés en definir si debía o no penarse la prostitución. La mujer en general es mera excusa para atender a un tema de tanta mayor importancia. El sabio de la Revilla debe legitimar el derecho a servirse de meretrices en la desigualdad de los géneros, lo que le ocupa largas parrafadas en tres entregas sucesivas. Lentamente va llegando a su punto: ” Hablar, pues, de igualdad tratándose de hombres y mujeres, es dar prueba de desconocer por completo las leyes de la naturaleza. Fisiológicamente considerada, la mujer es un término medio entre el niño y el adulto; o lo que es igual, es siempre adolescente. Su inteligencia (salvo raras excepciones) es inferior a la del hombre…

La vida de la mujer se reconcentra en la familia y tiene por fin único la reproducción. Si prescindimos de esto, la existencia de la mujer es inútil e inexplicable. Por eso la mujer que renuncia a él voluntariamente, es un fenómeno que sólo merece aversión y desprecio. Por eso el monacato femenino, por más que se pretenda idealizarlo, es un atentado contra el destino de la mujer y contra las leyes de la humanidad. … En cambio, para él son los peligros y los afanes. Él ha de buscar con el sudor de su rostro el pan de sus hijos; él ha de defender su hogar amenazado; él ha de llevar sobre sus hombros la carga penosa de encaminar la humanidad por la senda del progreso. La mujer, en tanto, al abrigo de las tempestades, guarda en el hogar el fuego sagrado del amor, embellece y encanta la vida agitada del hombre y le espera en el santuario de la casa, después de la hora de la angustia y la fatiga, para enjugar su rostro sudoroso, restañar la sangre de sus heridas y recompensar sus afanes con el beso del amor. Si el hombre es soberano del mundo, ella es reina y señora del hombre; su misma flaqueza es escudo que la ampara de todo ataque y toda ofensa; y ante ella se postran, movidos, si no por el amor, por la galantería, el fiero guerrero como el legislador adusto, el apasionado artista como el filósofo severo. …

¡Ah! Si por desdicha llegase a existir un día la mujer sabia y emancipada que algunos sueñan, ¡qué inmensa sería la desventura del hombre! ¿Adónde volvería los ojos en busca de amor y de consuelo? ¿Cómo había de amar a su varonil consorte? ¿Cómo había de ver en el astuto político, el severo magistrado o el belicoso guerrero la madre de sus hijos, la dulce compañera de su existencia? El mundo acabaría entonces sin necesidad de cataclismo alguno, porque los hombres se condenarían a perpetua continencia antes que unirse con semejantes monstruos. Si las mujeres conocieran la inmensidad del horror y del desprecio que nos inspiran cuando pretenden equipararse a nosotros, si pudieran comprender todo lo que hay de odioso y de ridículo en la mujer varonil, ¡qué pronto renunciarían a sus pretensiones, y qué maldiciones lanzarían a los defensores de su emancipación! …

En su organización actual; la sociedad exige del bello sexo el tributo anual de un número inmenso de víctimas, que han de ser sacrificadas en los altares del libertinaje. Si este tributo faltara, si el vicio, la miseria, la seducción y el abandono no pusieran a disposición de la sociedad el número de víctimas necesario, es lo cierto que se produciría una perturbación terrible en el orden social, no menos grave que si un día se negasen todos los ciudadanos a prestar el servicio militar. Henos aquí otra vez enfrente de una de esas pavorosas antinomias que espantan a la razón y a la conciencia y llevan el desesperado pesimismo al ánimo del más creyente. A despecho de las incesantes predicaciones de la moral y de la religión, el instinto reproductor, más poderoso que todas las pasiones juntas, más fuerte que todas las leyes y todos los sistemas, se impone al hombre y exige de él, con impulso irresistible, su inmediata satisfacción. En abierta pugna las ciencias de la naturaleza y las del espíritu, declaran las primeras impulso legítimo y necesidad imperiosa lo que las segundas reputan torpe y grosero pecado; y más fuerte el instinto que la voluntad y la razón, todo lo atropella, todo prescinde y da la razón en el terreno de la práctica a las ciencias de la naturaleza. Con su benévola indulgencia, al menos con su tolerancia, consagran el hecho la opinión pública y la conciencia social, y poco atenta a proporcionar los individuos las condiciones necesarias para anudar temprano los santos lazos del matrimonio, la sociedad contribuye indirectamente a favorecer el libertinaje. Imposibilitada la satisfacción legal de sus instintos, benévola la opinión, muda o indiferente la conciencia, dudosa o remota la amenaza la religión, el individuo, por todas partes incitado y sólo por débiles trabas contenido, lánzase a satisfacer sus apetitos, sin que haya freno que le detenga, pues hasta el pavoroso fantasma del infierno ha sido impotente para lograrlo. El mal es evidente y contra él se estrella y se estrellará siempre toda previsión humana. Mientras el hombre no se halle en condiciones para contraer desde su primera juventud uniones lícitas, vano e ilusorio será cuanto se intente para pedir el desbordamiento de sus pasiones. Y si esto era imposible cuando le amenazaban la justicia de un Dios y la promesa de un infierno, ¿qué será en estos tiempos de incredulidad en que sólo espera tras de la terrestre vida el sueño eterno de la nada, la absorción en la sustancia infinita o una serie de peregrinaciones de ultratumba, en que no hay falta que no se lave, ni pena que no tenga término? El único remedio sería la universalización del matrimonio; pero a esto se oponen obstáculos gravísimos. Plantear esta cuestión vale tanto como evocar el siniestro espectro del problema social. ¿Cómo ha de fundar familia el que no tiene posición ni fortuna? ¿Cómo proporcionar ambas cosas al hombre desde la adolescencia? El problema no tiene solución, al menos en las actuales circunstancias, y acaso no lo tenga nunca. El problema, que revela una contradicción flagrante entre la naturaleza y la sociedad por una parte y la moral por otra, es en suma una de las mil fases siniestras del fantasma del mal que se enseñorea del mundo y a todas partes tiende su mano ensangrentada. Renunciando, pues, a resolverlo (al menos por ahora), resulta claro como la luz que la prostitución es una necesidad social. Si no existiera, cada año arrojaría sobre la sociedad una banda de mozos audaces y desenfrenados que no dejaría con honra a mujer alguna. La prostitución es al modo de compuerta de seguridad, que da fácil salida a estos desbordados apetitos, y atenúa, si no impide, sus estragos. Para que la doncella viva segura y tranquila, y la esposa esté al abrigo de reiterados ataques, es fuerza el sacrificio de una serie de mujeres infelices, destinadas a guardar, a costa de su honra, la de las demás.

Científicos, políticos, sacerdotes, filántropos y filósofos impiden, salvo que se prohíba por decreto el pasado, olvidar o sancionar tan confiadas argumentaciones y expresadas con total libertad ante pares que no formaron ejércitos para defender la causa de quienes salvo pocas excepciones han sido objeto de desprecio y sometimiento a lo largo de la supuesta evolución del homo sapiens. Ni experimentalmente se encararon proyectos para constatar empíricamente la inferioridad postulada. Las leyes incorporan la posibilidad de ejercer derechos nunca habidos pero no estipula que las costumbres tiendan a estimular ese ejercicio.

Gina Lombroso, la hija del conocido criminólogo que veía en los cuerpos las señales de peligrosidad de los individuos, advertía hace no mucho: “La mujer que estudia no vuelve a recuperar su auténtica inteligencia hasta que se le ofrece la ocasión de  olvidar lo aprendido o de aplicarlo a la vida”. Desde Aristóteles hasta Schopenhauer, para poner un ejemplo, se ha mantenido intacta la relación entre honor e ilusión viril. También que la mujer, contra lo que parece hacer creer la industria de los cosméticos, nunca fue linda. El autor de El mundo como voluntad y representación da por sentado que habla en nombre de muchos cuando afirma: “Preciso ha sido que el entendimiento del hombre se obscureciese por el amor para llamar bello a ese sexo de corta estatura, estrechos hombros, anchas caderas y piernas cortas. Toda su belleza reside en el instinto del amor que nos empuja a ellas. En vez de llamarle bello, hubiera sido más justo llamarle inestético”. Es totalmente lógico que un varón se subleve si lo obligan a escolarizar a su caballo.

Sin organización, no hay rebelión. Un hombre nunca está lo bastante domesticado como para no intentar una lucha. Un par de perros que apenas se conocen poco pueden hacer contra los que desde que tienen uso de razón, mandan y comparten un diccionario para entenderse y los recursos para hacer lo que quieren, al menos con los perros.

Leyes excelentes en espíritu que velan por la igualdad de derechos como velan contra los homicidios no pueden impedir que los actos ilícitos sigan existiendo. Puede penarlos. El problema con la ley burguesa no es que sea burguesa. La peor ley burguesa siempre será mejor que los que la incumplen. Desde Hammurabi a esta parte una gran línea de continuidad sugiere que ciertos delitos han superado la barrera de la discontinuidad histórica y refrendan una continuidad de la especie. Algunas especies se extinguieron. Otras, al menos desde que han sido descriptas, mostraron cambios poco significativos en su evolución. La larga duración es maestra de maestras.

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¿Puede hablar el subalterno?

Posted in Peer Review on enero 21st, 2015 by soypielroja

Algunas indagaciones, propuestas y consideraciones en torno a una extraña interrogación que procede de ámbitos académicos.

El que pregunta no se considera subalterno.

El que pregunta entiende que sí puede hablar: de hecho, al preguntar está hablando.

El que pregunta sugiere que el “subalterno” no habla. Al menos, el que pregunta no lo ha escuchado puesto que, de lo contrario, la pregunta carecería de sentido. El que pregunta no explica quién es el “subalterno”.

Tanto si habla, grita o aúlla, ese “subalterno” no está siendo oído por quien pregunta acerca de las posibilidades del “subalterno” de hablar. Ergo, el que pregunta lo hace retóricamente puesto que no hace oídos al “subalterno” sino a su propia pregunta y, eventualmente, a su respuesta.

El que pregunta ha dado un nombre extravagante y peyorativo a quien llama “subalterno”. Es posible que el “subalterno” no se reconozca bautizado con esa denominación.  Cuando Robinson Crusoe establece “te llamaré Viernes” para llamar a Viernes, ignoramos qué decisión adopta el llamado Viernes sobre cómo llamar a Crusoe. A lo mejor lo llama “idiota” pero no lo sabremos.

Proposiciones:

1. Un sano silencio permitirá a quien habla dejar de oír su propia voz y, eventualmente, averiguar quién habla.

2. Un sano silencio incrementa la reflexión y puede que considere absurdas algunas preguntas.

Qué dice la historia:

1. Las mujeres no tenían permiso para hablar. Al contrario, el silencio era la terapia que durante casi dos mil años les fue prescripta.

2. La prohibición de hablar se extendió a muchas otras: cantar, actuar en el teatro, votar, administrar sus bienes.

3. Siempre se prohíbe hacer lo que se puede hacer. Exceptuando las ficciones de Kafka, donde la desproporción de la ley es constitutiva de su crítica, en el mundo real los legisladores tienden a ahorrar energía y tiempo evitando prohibir prácticas que imaginan irrealizables: por el momento no está prohibido ir en bicicleta a la Luna y nadie lo ha intentado.

4. Se deduce de lo anterior que matar y robar son actos en extremo frecuentes entre los seres humanos.

5. No está claro que exista una prohibición universal contra el incesto. El debate sobre si esa inexistente prohibición es cultural o biológica pasa por alto el hecho de que dicha prohibición no se encuentre formulada. En cambio, las prácticas de incesto están ampliamente documentadas. Es extraño deducir que Edipo Rey revela que en todo hombre existe la fantasía de matar al padre y casarse con la madre. Aristóteles menciona que si uno mata a su padre ignorando la filiación, no hay dolo. En Edipo Rey queda perfectamente establecido que un padre sí puede desear y hacer cumplir su deseo de matar a su hijo, sin ignorar la filiación entre ambos. Layo decide matar a Edipo. Comete el error de encomendar la tarea a un tercero imbuido de compasión humana que incumplirá la orden. Tercerizar no siempre da buenos resultados.

El “subalterno” nunca está solo y con ese nombre nunca hablará o nunca será escuchado. ¿Yo puedo hablar? Si yo puedo hablar, haciendo uso del pronombre que está disponible para todos, todos pueden hablar. La pregunta es:  Quien se excluye del conjunto del “subalterno” y hace del subalterno una suerte de individuo inverosím revela que sólo se interesa en preguntar y responder su pregunta de manera retórica. ¿Yo puedo hablar? Tal vez sea la gran pregunta. Me llamarás subalterna. Yo te llamaré con nombres secretos.

 

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