Julio Cortázar sobre el “boom” latinoamericano

Posted in Peer Review on agosto 8th, 2015 by soypielroja

Ya están en la puerta llevándose gran parte de mis pertenencias, cuando Calac me larga una mirada al bies y me pregunta:
__ ¿Y cómo anda el boom, maestro?
__ Mejor que nunca—le digo satisfecho de que al fin me hagan una de las grandes preguntas del día—Nos hemos organizado de la manera más perfecta, partiendo del principio general de llevar a la práctica las fábulas que a lo largo de estos años urdieron esos intelectuales que tanto se preocupan del porvenir de los demás. Esto no lo publiquen: nos reunimos cada tres meses en hoteles de superlujo, eligiendo cada vez una ciudad diferente en la que podamos organizar nuestras orgías sin llamar la atención. García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa, Asturias, Carpentier y yo (generosamente aceptamos de cuando en cuando a dos o tres más, cuyos nombres me callo para no herir a otros postulantes) discutimos la situación con nuestro gerente general, que nos fue recomendado por Lucky Luciano, himself y que tiene certificados de Onassis y de Spiro Agnew. Nuestras acciones están dando dividendos satisfactorios; Feisal nos consulta para lo del petróleo, hemos comprado tierras y propiedades en todas partes, y de cuando en cuando donamos algún premio o algunos derechos de autor por aquello del qué dirán. Yo he agregado otros cinco pisos y dos ascensores a mi suntuosa residencia de verano en Saignon que, como se sabe, no es más que una manera de disimular que de allí estoy a un paso de mi yate en Marsella, que me lleva hasta el castillo que tengo en el sur de Italia y en el cual guardo secuestrada a una chica de quince años (algunos sostienen que es un chico, y me parece bien mantener el suspenso). Con eso y la salud, ya te darás cuenta.

Fragmento de un diálogo de “Estamos como queremos o los monstruos en acción” (fechado en el año 1974., en Julio Cortázar, Papeles inesperados, Buenos Aires, Alfaguara, 2009.

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Carta de Julio Cortázar a Ana María Barrenechea (fragmento)

Posted in Esto es todo, amigos, Un cacho de cultura on agosto 25th, 2014 by soypielroja

Mi querida Anita:

No me creas perezoso, pero tu carta llegó en los días en que nos íbamos a Viena a trabajar, y acabo de encontrarla a mi regreso. Tampoco me creas hiperbólico si te digo que tu carta ha sido una de las alegrías más grandes de mi vida. ¿Pero cómo describirte esa alegría? No es el contento vulgar de quien recibe buenas noticias, ni el halado parecido a la caricia o a la cosquilla de quien se siente comprendido y agraciado en lo que hace. Mi alegría es otra, es como un encuentro largamente esperado, o como un árbol que uno ha visto muy lejos, contra el horizonte, y al que por último se llega después de caminar y caminar, y el árbol es cada vez más verde y más hermoso. Mirá, desde que mi libro apareció en Buenos Aires, he recibido y recibo muchas cartas, sobre todo de gente joven y desconocida, donde me dicen cosas que bastarían para sentirme justificado como escritor. Pero las cartas de los jóvenes son siempre actos de fe, arranques de entusiasmo o de cólera o de angustia. Me prueban que Rayuela tiene las calidades de emético que quise darle, y que es como un feroz sacudón por las solapas, un grito de alerta, una llamada al desorden necesario. Pero vos, que por una simple cuestión de madurez intelectual y de técnica profesional, has leído el libro un poco como yo lo he escrito, es decir al final de una larga ruta, de una inmensa biblioteca leída y vivida y decantada, vos, tan serena y segura en tus juicios, vos me escribís una carta que es como una respiración profunda, que está llena de rumores y cosas apenas dichas y movimientos encontrados, una carta que en el fondo no se diferencia mucho de las cartas que me han escrito tantos muchachos, a la vez que está a una altura infinitamente superior a ellas, y eso es lo que me conmueve, que me hayas escrito algo que es como un balbuceo (y mi libro es eso, porque lo que verdaderamente quiere decir no se puede decir) y al mismo tiempo se siente y se sabe que has ido al fondo de las cosas y las has pesado y analizado y encontrado bien o mal o alguna otra cosa, pero por un milagro que nunca te agradeceré bastante toda esa labor de sondeo y todo ese peritaje sutil que hacen de vos lo que sos como crítica y como persona, no ha conseguido petrificar lo otro, lo que llamo balbuceo a falta de mejor nombre, y entonces tu carta es como una paloma o una bola de vidrio, algo donde continuamente pasan reflejos y murmullos, y la vida. Sabés, no creas que en esta dicotomía que parece deducirse de esto (crítica-balbuceo) hay un juicio peyorativo para la parte crítica. ¿De qué sirve un balbuceo cuando sale de la boca de un idiota? Lo asombroso para mí, siempre, es ese raro equilibrio que sólo los más grandes logran (pienso en Curtius, en algunos textos de Burckhardt, cosas así) y que en última instancia permite a la inteligencia romper sus demasiados ceñidos límites y comulgar con ese otro reino misterioso donde cosas indecibles se mueven en la realidad profunda y son, quizá, lo único necesario. Pero haquí, como diría Holiveira, me paro en seco. Assez bavardé.

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