Borges, anatomía de su “ultra” y sueltos

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on noviembre 29th, 2015 by soypielroja

“ANATOMIA DE MI  ULTRA”

La estética es el andamiaje de los argumentos edificados a posteriori para legitimar los juicios que hace nuestra intuición sobre las manifestaciones de arte. Esto, en lo referente al crítico. En lo que atañe a los artistas, el caso cambia. Puede asumir todas las formas entre aquellos dos polos antagónicos de la mentalidad, que son el polo impresionista y el polo expresionista. En el primero, el individuo se abandona al ambiente; en el segundo el ambiente es el instrumento del individuo. De paso, es curioso constatar que los escritores autobiográficos, los que más alarde e hacen de su individualidad recia, son el fondo los más sujetos a las realidades tangibles. (Verbigracia, Baroja). Sólo hay, pues, dos estéticas: la estética pasiva de los espejos  y la estética activa de los prismas. Ambas pueden existir juntas. Así, en la actual renovación literaria –especialmente expresionista–  el futurismo, con la exaltacionde la objetividad  cinética de nuestro siglo,  representa la tendencia pasiva, mansa, de sumisión al medio…
Ya cimentadas esas bases, enunciaré las intenciones de mis esfuerzos líricos. Yo busco en ellos la sensación en sí, y no la descripción de las premisas espaciales o temporales que la rodean. Siempre ha sido costumbre de los poetas ejecutar una reversión del proceso emotivo que se había operado en su conciencia; volver de la emoción a la sensación, y de ésta a los que la causaron Yo –y nótese bien que hablo de intentos y no de realizaciones colmadas – anhelo un arte que traduzca la emoción desnuda, depurada de los adicionales datos que la preceden. Un arte que rehuyese lo dérmico, lo metafísico y los últimos planos egocéntricos o mordaces. Para esto –como para toda poesía—hay dos imprescindibles medios: el ritmo y la metáfora. El elemento acústico y el elemento luminoso.
El ritmo: no encarcelado en los pentagramas de la métrica, sino ondulante, suelto, redimido. bruscamente truncado.
La metáfora, esa curva verbal  que traza casi siempre entre dos puntos –espirituales—el camino más breve.

JORGE= LUIS BORGES

Ultra, Año I, Número 11, Madrid, 20 de mayo de 1921.

(Sobrantes de abono… )

Reflexión primera

Poco tiempo le duró el ultraísmo…  Ya lo había despedido en sus primeros libros de poemas; llevan la etiqueta ultraísta por inercia y no por gran familiaridad con los escritos y publicados bajo el efecto anatómico de ese ultra proclamado en 1921. Por más avanzado que un vanguardista esté en la fila, no deja de andar en formación. Es mejor ser, como Breton, el dueño del castillo y establecer derechos de aduana y residencia. ¿Para qué tener anatomía propia si en la trinchera colectiva un cuerpo vale lo mismo que otro? Borges tuvo la habilidad artística y la suerte de poder insertarse en un mundo familiar totalmente excepcional: padres, amigos mayores, contemporáneos, locales y extranjeros, primos, cuñados, hermanos, personas con poder y recursos que admiraban el poder y los recursos de Borges, que no eran pocos, si se decidía a utilizarlos en contra de alguien. Cuarto propio, anatomía propia, inteligencia propia y naipes propios y marcados y una cultura muy superior a la de sus coetáneos y sus sucesores. Conocía, no sólo el presente: ¿alguien más leyó, como Borges, su pasado y presente inmediatos, en todos sus legados: Lugones, Darío, Unamuno, Groussac, Hidalgo, Ascasubi, Lussich, Hernández, Ipuche, Melián Lafinur, Gerchunoff, Silva Valdés, Güiraldes, Macedonio Fernández, Evaristo Carriego, Almafuerte, los de España, los del Plata, los de todas partes?
En lugar de ser un moderno del montón, amparándose en la inocente ignorancia de la cultura del pasado, que, después de todo, si nos guiamos por Baudelaire, es nada menos que la mitad del arte, Borges se ha convertido en precursor de sí mismo y de la vaga indolencia a que responde la palabra  “posmoderno”. Como nadie puede definirse con términos que desconocía en su momento, menos podría avenirse a la adición de una partícula que lo designa como sucesor de lo que fue. Si moderno no se le aplica a Borges, no se le aplica a nadie. Borges es, en cuanto a tradición estrictamente modernista como Joyce.  Y recordemos que un agudo crítico como Edmund Wilson, atribuía la novedad de Joyce al legado simbolista. De modo que uno nunca es lo que va a ser ni lo que fue: habrá que acostumbrarse a ese problema metodológico. Baudelaire sería, también, un precursor de la posmodernidad: nos arrastra de las Academias al presente y seguimos sin poder habitar la Edad Contemporánea. Borges también fue sensible a los valores que la “alta cultura” desprecia: sus relatos han merecido el calificativo de policiales o fantásticos, cuando casi ninguno sigue realmente las normas de esos géneros. ¿Qué hay de fantástico o de policial en Pierre Menard, autor del Quijote? ¿Qué violenta la lógica del género? ¿No saber quién era Menard, ni de qué murió? ¿Cuál es el enigma? ¿En qué reside lo fantástico de esa “necrológica”?  El proyecto de Menard, nos lo ha dicho Borges varias veces, no tiene nada que no haya estado presente en la historia del Corán. El misterio lo guarda ese narrador que se recluye en un cuarto cerrado para inventariar los objetos del muerto, al tiempo que lo evoca para un círculo selecto de amigos, conocidos y rivales.
Borges se explayó lo suficiente sobre el tema de los precursores: Lutero anunciaría el relativismo si ligeramente se elevara a libertad de interpretación la libertad de lectura. ¿Libre para leer en letras de un idioma que comprendo o libre para interpretar y difundir mi libre imaginación con apoyo casi liberado de la letra de esas escrituras que me estaban por completo vedadas y que me llegaban transformadas en sonidos, prescripciones, órdenes y representaciones temibles sobre la relación entre mis acciones y mi futuro al punto de contribuir como consumidor al crecimiento del mercado de futuros que generaban los vendedores de bulas y reliquias? La eternidad, de todos modos, apenas haría mella en la efímera “libertad” de mi existencia finita. La gracia divina ejercía mayores rigores y era pensada como un regalo arbitrario e incierto. Recién ante las puertas de ese juicio sabría uno si pertenecía a los elegidos o a los condenados. Precio alto de la libertad, menos oneroso que el impuesto a los herejes terrenales por los custodios de la correcta vía. Juana, te han santificado. Galileo, finalmente te dieron la razón de manera formal. Ignoro si esos cambios de humor mundanos mueven a las almas en los paraísos eternos, que no existen, según se ha promulgado recientemente. Los personajes de Dante tienen graves problemas de vivienda en estos días.

Reflexión segunda

Otra cuestión que Borges insiste en mostrar pero que los lectores se empeñan en ignorar por eso de hacerlo tan moderno como sea posible, es que el escritor “argentino” se acomoda en domicilio rioplatense y gaúcho. El privilegio que se le ha reconocido a la Banda Oriental, Provincia Cisplatina o República Oriental del Uruguay, que es el de ser sede de la novela nativista es rechazado por quienes podrían ostentar los títulos: prefieren dejar todo mostrenco en aras de ejercer la crítica. Ricardo Rojas no encuentra novelas en América y su búsqueda comienza, lo admite, en el siglo XVI. No sé qué pensaría Miguel de Cervantes Saavedra, que hace figurar en la biblioteca del caballero e ingenioso hidalgo Don Quijote obras de exótica épica extranjerísima ( ¿?¿ ?,?) para él, como La araucana. Y, que, después de todo, publica la primera obra del género en 1605, en manuscrito no identificable y ediciones en las que han puesto su mano unos cuantos después, como ha sucedido con muchos otros “libros”, de los que tanto se ocupa precisamente Borges cuando señala la relación entre traducción y autoría para Las mil y una noches, en la que se incluyen historias y relatos de los propios “traductores”. Ni qué hablar de otros “libros” famosos, que ni siquiera eran libros preexistentes cuando se pusieron por escrito, como la Ilíada y la Odisea, para usar los ejemplos borgeanos. Y eso hará Borges también: tratar de incluirse en la cadena de autores, traductores, socios literarios, amigos y versionistas que nos han alcanzado obras que consideramos como si siempre hubieran sido objetos para anaquel de biblioteca.
Tanto se nos escapa interpretando que olvidamos recordar las tradiciones letradas y políticas locales: Borges insiste en mencionar la hispanidad de Séneca y Lucano. El quién es quién que Gutiérrez se esmera en dejar asentado nos recuerda que el Coronel Francisco Borges nació en Montevideo y que murió luchando del lado de “las fuerzas de la revolución” encabezada por el general  Bartolomé Mitre, en 1874. Tanto a Borges como a Herrera y Reissig (imaginar qué pensaría el precursor Artigas es todavía más inquietante) les resulta extraño decir “uruguayo” en lugar de “oriental”.

Una aclaración se impone: la patria no debe confundirse con la nación, como bien lo sabía Virgilio cuando dio estatuto de héroe romano a Eneas. El pasado está en la patria, allí donde entierra uno a sus muertos: la nación es un futuro posible, no necesario y se funda sobre los lares y penates previamente rescatados en las derrotas y nómades hasta que encuentra un pueblo sitio donde asentarse. Y las letras nacionales están claramente escritas en códigos y constituciones. El problema no es unir sino separar, como se verifica en las rivalidades fronterizas y las guerras por cuestiones limítrofes que enfrentaron o estuvieron a punto de enfrentar a los “hermanos latinoamericanos” (para usar una denominación problemática, como todas las existentes). La ley domicilia: define la persona y la obliga a darse un espacio para ser notificada. El que no tiene domicilio es un vago y carece de los derechos de ciudadanía. La identificación no es derecho sino una imposición: en el pasado se requería pasaporte para circular entre provincias. Es frecuente olvidar los aspectos materiales de las cosas y pasar a las zonas especulativas. Mientras tanto, nada parece tan normal como presentar documentación, votar representantes, etc. etc. mientras se critica la idea del estado nación, cuya existencia, de hecho, no es ni explicativa de fenómenos que exceden su incumbencia ni debiera serlo.

Borges se llamaba también la madre brasileña de Juan Carlos Onetti, nacido en Uruguay y convencido de que la tradición literaria local seguía siendo el vacío: los campos y el ganado cimarrón. Borges y colegas rivalizaron en terrenos no sólo locales, con lo que muchas disputas intensas asordinaban sus ecos y se hacían invisibles al llegar a los arrabales. Quede, para la historia de la infamia, un recuerdo de Borges. La disputa entre Maestros y Apóstoles locales que tuvo como protagonistas a Santos Chocano, Vasconcelos y Lugones y víctima fatal al muy poco recordado Edwin Elmore.

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Borges y Carriego

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on octubre 7th, 2011 by soypielroja

Escribe Jorge Luis Borges en el “capítulo” IV (La canción del barrio) de su Evaristo Carriego: “quiero confesar con alacridad las verdaderas virtudes de su obra póstuma. Su decurso tiene afinaciones de ternura, invenciones y adivinaciones de la ternura, tan precisas como ésta:

Y cuando no estén, ¿durante

cuánto tiempo aún se oirá

su voz querida en la casa

desierta?

 

            ¿Cómo serán

en el recuerdo las caras

que ya no veremos más?

Imaginar una memoria cuando los hechos que debe recordar no han sucedido pero que la finitud de las cosas debe y puede postular como una realidad conjetural inspira, en muchísimos sentidos, el extraordinario poema “Límites” que el propio Borges considera uno de los mejores que escribió.

Extraordinario parricida (silencioso parricida, disimulado parricida) el lector finísimo que es Borges no señala casualmente esos versos de Carriego, que más que “tiernos” sugieren una filosofía del recuerdo conjetural que, excelente lector, infrecuente lector, inusual lector, exigente lector, Borges sabrá apreciar, expandir y formular.  Muy joven Borges constataba que ya no quedaban lectores. Sin duda los pocos que había se estaban convirtiendo, como veía bien Borges, en “críticos potenciales”. Borges denunció además lectores viciosos: los supersticiosos, los haraganes, los que creen en todo lo que leen, los que creen que todo lo que está escrito siempre fue un libro, los que creen entender lo que leen y, además, enseñarlo.

En el prólogo de su Evaristo Carriego Borges juega al truco con los lectores. Predice lo que ya no sucedía y probablemente no sucederá: Carriego no pertenece a la “ecclesia visibilis” de nuestras letras. Si acaso el futuro le reserva la pertenencia a “la más verdadera y reservada ecclesia invisibilis, a la dispersa comunidad de los justos” seguramente se lo debemos a Borges y al poema “Límites”.  Según Borges uno de sus mejores, ya que aborda temas que la poesía no había intentado antes.

 

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