cervantinas: juan moreira, primo del Quijote

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on octubre 3rd, 2011 by soypielroja

EVARISTO CARRIEGO

Por el alma de Don Quijote

Con el más reposado y humilde continente,

de contrición sincera, suave, discretamente,
por no incurrir en burlas de ingeniosos normales,
sin risueños enojos ni actitudes teatrales
de cómico rebelde, que, cenando en comparsa,
ensaya el llanto trágico que llorará en la farsa,
dedico estos sermones, porque sí, porque quiero,
al único, al Supremo Famoso Caballero,
a quien pido que siempre me tenga de su mano,
al santo de los santos Don Alonso Quijano
que ahora está en la Gloria, y a la diestra del Bueno:
su dulcísimo hermano Jesús el Nazareno,
con las desilusiones de sus caballerías
renegando de todas nuestras bellaquerías.

Pero me estoy temiendo que venga algún chistoso
con sátiras amables de burlador donoso,
o con mordacidades de socarrón hiriente,
y descubra, tan grave como irónicamente,
a la sandez de Sancho se la llama ironía,
que mi amor al Maestro se convierte en manía.
Porque así van las cosas, la más simple creencia
requiere el visto bueno y el favor de la Ciencia:
si a ella no se acoge no prospera y, acaso,
su propio nombre pierde para tornarse caso.
Y no vale la pena (No es un pretexto fútil
con el cual se pretenda rechazar algo útil)
de que se tome en serio lo vago, lo ilusorio,
los credos que no tengan olor a sanatorio.
Las frases de anfiteatro, son estigmas y motes
propicios a las razas de Cristos y Quijotes
no son muchos los dignos de sufrir el desprecio,
del aplauso tonante del abdomen del necio
en estos bravos tiempos en que los hospitales
de la higiénica moda dan sueros doctorales
Sapientes catedráticos, hasta los sacamuelas
consagran infalibles cenáculos y escuelas
de graves profesores, en cuyos diccionarios
no han de leer sus sueños los pobres visionarios
¡De los dos grandes locos se ha cansado la gente:
así, santo Maestro, yo he visto al reluciente
rucio de tu escudero pasar enalbardado,
llevando los despojos que hubiste conquistado,
en tanto que en pelota, y nada rozagante,
anda aún sin jinete tu triste Rocinante!

(Maestro, ¡Si supieras!, Desde que nos dejaste,
llevándote a la Gloria la adarga que embrazaste,
andan las nuestras cosas a las mil maravillas:
todas tan acertadas que no oso describillas.
Hoy, prima el buen sentido. La honra de tu lanza
no pesa en las alforjas del grande Sancho Panza.
Tus más fieles devotos se han metido a venteros
y cuidan de que nadie les horade los cueros.
Pero, aguarda, que, cuando se resuelva a decillo,
ya verás qué lindezas te contará Andresillo,
aunque hay alguna mala nueva, desde hace poco:
aquel que también tuvo sus ribetes de loco,
tu primo de estas tierras indianas y bravías,
¡Lástima de lo añejo de tus caballerías!
Tu primo Juan Moreira, finalmente vencido
del vestiglo Telégrafo, para siempre ha caído,
mas sin tornarse cuerdo: tu increíble Pecado
¡Si supieras, Maestro, cómo lo hemos pagado!
¡Tu increíble Pecado! ¡Caer en la demencia
de dar en la cordura por miedo a la Conciencia!).

Para husmear en la cueva pródiga en desperdicios,
no hacen falta conquistas que imponen sacrificios:
sin mayores audacias cualquier tonto con suerte
es en estos concursos el Vencedor y el Fuerte,
pues todo está en ser duros. El camino desviado
malograría el justo premio del esforzado.
Por eso, cuando llega la tan temida hora
del gesto torturado de una reveladora
protesta de emociones, el rostro se reviste
de defensas de hielo para el beso del triste,
y porque ahogarse deben, salvando peores males,
las rudas acechanzas de las sentimentales
voces de rebeldía quijotismo inconsciente
también se fortalecen, severa, sabiamente,
los músculos traidores del corazón, lo mismo
que los del brazo, en sanas gimnasias de egoísmo,
donde el dolor rebote sin conmover la dura
unidad necesaria de la férrea armadura:
quien no supere al hierro no es del siglo, no medra.
¡Qué bella es la impasible cualidad de la piedra!

El ensueño es estéril, y las contemplaciones
suelen ser el anuncio de las resignaciones.
El ensueño es la anémica llaga de la energía,
la curva de un abdomen toda una geometría
es quizás el principio de un futuro teorema,
cuyas demostraciones no ha entrevisto el poema
En la época práctica de la lana y del cerdo
hoy, Maestro, tú mismo te llamarías cuerdo
se hallan discretamente lejos los ideales
de los perturbadores lirismos anormales.
El vientre es razonable, porque es una cabeza
que no ha querido nunca saber de otra belleza
que la de sus copiosas sensatas digestiones:
fruto de sus más lógicas fuertes cerebraciones.
Por eso, honradamente, se pesan las bondades
del genio, en la balanza de las utilidades,
y si a los soñadores profetas se fustiga
hay felicitaciones para el que echa barriga.

Y esto no tiene vuelta, pues está de por medio
la razón, aceptada, de que ya no hay remedio
Como que cuando, a veces, en el Libro obligado,
la Biblia del ambiente, de todos manoseado,
hay un gesto de hombría traducido en blasfemia,
Por asaz deslenguado lo borra la Academia

La moral se avergüenza de las imprecaciones,
de los sanos impulsos que violan las nociones
del buen decir. El pecho del mejor maldiciente
que se queme sus llagas filosóficamente,
sin mayor pesar, antes de irrumpir en verdades
que siempre tienen algo de ingenuas necedades,
porque quien viene airado, con gestos de tragedia,
a intentar gemir quejas aguando la comedia,
es cuando más un raro, soñador de utopías
que al oído de muchos suenan a letanías
Por eso, remordido pecador, yo me acuso
preciso es confesarlo de haber sido un iluso
de fórmulas e ideas que me mueven a risa,
ahora que no pienso sino en seguir, aprisa,
la reposada senda, libre de los violentos
peligros que han ungido de mirras de escarmientos
las plantas atrevidas que pisaron las rosas
puestas en el camino de las rutas gloriosas.
Pero ya estoy curado, ya no más tonterías,
que las gentes no quieren comulgar insanías

¡En el agua tranquila de las renunciaciones
se han deshecho las hostias de las revelaciones!
Ya no forjo intangibles castillos cerebrales,
de románticos símbolos de torres augurales.
Sobre el dolor ajeno ni siquiera medito,
porque sé que una frase no vale lo que un grito,
y, sin ser pesimista, no caigo en la locura
de buscar una página de serena blancura,
donde pueda escribirse la canción inefable
que ha de cantar el Hombre de un futuro probable.

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cervantinas: usos de la literatura

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on octubre 3rd, 2011 by soypielroja

Rubén Darío

Letanía de nuestro señor Don Quijote

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,

que de fuerza alientas y de ensueños vistes,

coronado de áureo yelmo de ilusión;

que nadie ha podido vencer todavía,

por la adarga al brazo, toda fantasía,

y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,

que santificaste todos los caminos

con el paso augusto de tu heroicidad,

contra las certezas, contra las conciencias

y contra las leyes y contra las ciencias,

contra la mentira, contra la verdad…

¡Caballero errante de los caballeros,

varón de varones, príncipe de fieros,

par entre los pares, maestro, salud!

¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,

entre los aplausos o entre los desdenes,

y entre las coronas y los parabienes

y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias

antiguas y para quien clásicas glorias

serían apenas de ley y razón,

soportas elogios, memorias, discursos,

resistes certámenes, tarjetas, concursos,

y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,

a un enamorado de tu Clavileño,

y cuyo Pegaso relincha hacia ti;

escucha los versos de estas letanías,

hechas con las cosas de todos los días

y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,

con el alma a tientas, con la fe perdida,

llenos de congojas y faltos de sol,

por advenedizas almas de manga ancha,

que ridiculizan el ser de la Mancha,

el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos

las mágicas rosas, los sublimes ramos

de laurel Pro nobis ora, gran señor.

¡Tiembla la floresta de laurel del mundo,

y antes que tu hermano vago, Segismundo,

el pálido Hamlet te ofrece una flor!

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;

ruega casto, puro, celeste, animoso;

por nos intercede, suplica por nos,

pues casi ya estamos sin savia, sin brote,

sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,

sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos

de los superhombres de Nietzsche, de cantos

áfonos, recetas que firma un doctor,

de las epidemias, de horribles blasfemias

de las Academias,

¡líbranos, Señor!

De rudos malsines,

falsos paladines,

y espíritus finos y blandos y ruines,

del hampa que sacia

su canallocracia

con burlar la gloria, la vida, el honor,

del puñal con gracia,

¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,

que santificaste todos los caminos,

con el paso augusto de tu heroicidad,

contra las certezas, contra las conciencias

y contra las leyes y contra las ciencias,

contra la mentira, contra la verdad…

¡Ora por nosotros, señor de los tristes

que de fuerza alientas y de ensueños vistes,

coronado de áureo yelmo de ilusión!

¡que nadie ha podido vencer todavía,

por la adarga al brazo, toda fantasía,

y la lanza en ristre, toda corazón!

Un Soneto A Cervantes de Rubén Darío

Horas de pesadumbre y de tristeza

paso en mi soledad. Pero Cervantes

es buen amigo. Endulza mis instantes

ásperos, y reposa mi cabeza.

Él es la vida y la naturaleza,

regala un yelmo de oros y diamantes

a mis sueños errantes.

Es para mí: suspira, ríe y reza.

Cristiano y amoroso y caballero

parla como un arroyo cristalino.

¡Así le admiro y quiero,

viendo cómo el destino

hace que regocije al mundo entero

la tristeza inmortal de ser divino!

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eco

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on octubre 2nd, 2011 by soypielroja

las ninfas de los ríos, la dolorosa y húmida  Eco

Lee un narrador azarosamente en El Quijote. El narrador que escribe desde Nîmes, en 1939, no casualmente quiere decir Desdémona….

no casualmente la asociación llevará al  ” verso” de Shakespeare, precisamente el final de Otelo

Where a malginant and turbaned Turk…

por el que se llegará a nuevos indicios.

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Jorge Luis Borges. Risa solitaria, fraudes parciales: la gesta del manco Wenceslao

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on septiembre 25th, 2011 by soypielroja

“A mode of truth, not of truth coherent and central, but angular and splintered”.

Para los lectores encariñados con Buenos Aires, afirma Borges, ha agregado algunos capítulos suplementarios a Evaristo Carriego en la edición de su Obra Completa emprendida en 1969. Esa versión es la misma que entrega en 1955. Uno puede creer que está leyendo algo sobre el tango, el culto del coraje, los cuchillos y hasta una historia más de compadres y forajidos en escenarios rurales.  Sin embargo, invisible y suntuaria, se nos ofrece una reflexión sobre la obra completa de Richard Wagner, el leit motiv que debe servir de fondo musical a la indagación borgeana.  De los maestros cantores y la primitiva orquesta de flautas, violines y bandoneones, para la historia de Wenceslao Suárez ya debemos imaginar la atronadora cabalgata de las walkirias.

Como siempre, Borges avisa. Será tímido y, a diferencia de los extraviados hermanitos Hänsel und Gretel,  no pasará de las migas a las piedras pero avisa. Muchas son las referencias, algunas ya socorridas. Es casi seguro que no imagina el autor que se le dispensará otro trato después de años de acumular modos parciales de la verdad en todas las literaturas de todos los tiempos : los ríos, el Marne – y no el Rin–, Schopenhauer, Wilde, los wagnerianos, Hegel y el Estado, las herejías nacionalistas, la alusión y explicación del significado de Bildungsroman, la fe expresada por Sigmund (“creo en mi fuerza”), los lobos, los comentarios sobre resurrecciones de mitos heroicos, los nombres y sus cifras, las espadas, las sumas de las épicas, los deslindes entre las culturas agrícolas de latinos y griegos y las de los caballos y el culto del coraje, la dilatada espera entre afrenta y venganza, la historia de amor entre Brunilda y el niño cuyo destino protegió y que será quien la despierte, bastante luego.

Ya en 1922 se sorprendía Borges de la capitulación de la curiosidad de los lectores, que atribuía a una holgazana incapacidad para tantear las pruebas que el escritor aduce y también la muestra de borrosa confianza e la honradez del mismo. Lo escribió en un libro que no quiso reeditar. Presumo que en esos libros Borges todavía confiaba en soliviantar esa  supersticiosa ética de lectura, que sin dudas no compartía.

El lance de Wenceslao traspone muy cómicamente la historia del welsungo  Siegmund, cuya casa es incendiada, su madre asesinada y su hermana raptada por forajidos de otros clanes y designios de dioses. Hay una espada fabulosa que nadie ha podido arrancar del tronco del árbol donde la clavó un forastero. Está reservada a Sigmund. La historia requiere la inexistencia de espejos. El encuentro fraterno es primero enamoramiento a primera vista entre los mellizos que, tiempo ha pasado, no se reconocen. De ese amor sólo importará el fruto, el niño Siegfrid, aunque no ya para este drama cuyos protagonistas serán Wotan y su hija y que se cierra con la pérdida de la inmortalidad de Brunilda, sumida en largo sueño.

Como siempre, en los capítulos que no se  le olvida incluir en su Carriego y en los que contrabandea el excursus wagneriano, es significativo lo que manda a leer.  En este caso y entre otras lecturas, Dante, Inferno, XXVI.

Borges nos conduce, a través de Dante, al lugar donde se castiga a los fraudulentos. Precisamente allí  encontramos a Ulises, entre otras cosas, por una historia de engaño con caballos. No estaban advertidos los troyanos sobre limosnas grandes y desconfianzas de santos. Pese a lo inverosímil de la impostura, los troyanos se mantuvieron fieles al mandamiento que prohíbe revisar los dientes a caballos regalados.

De la lectura del florentino podríamos sacar más conclusiones. Ni Dante ni Virgilio conocían “La Odisea”. Fue más bien conjetural pero varia la imaginación que se consagró a imaginar posibles destinos para el astuto Ulises. Sabemos que a Roma le interesó más consagrarse a Troya. Al menos fue el caso de Virgilio, que encuentra allí el pasado legendario de Eneas necesario para la Roma imperial que construye, en calidad de poeta oficial y contemporáneo de la leyenda local.  Sobre el tema, escribirá un artículo en una revista uruguaya titulado “El enigma de Ulises”.

Arrabalero estoico que cita a Epicteto a Marco Aurelio y a Boecio, Borges comparte la espada de Cervantes, la de la risa, como explica Juan Montalvo, irreconocible como John Vincent Moon, que lejos de ocultar la marca de la espada, la ostenta en el más que climático desenlace.  Se rió, Borges, eterna e infinitamente de todos nosotros.  La cicatriz es la señal de Odiseo: podemos fingir que todavía no se había patentado en la Argentina la dactiloscopia. En feliz correspondencia, la marca también ingresa a la biografía de uno de sus personajes y autores citados: Sir Thomas Francis Browne. Más que el tosco realismo literario aburre a Borges la insípida biografía de sus contemporáneos: mucho más deslucida la transposición de historias pedestres en libros prescindibles. Borges nos recuerda, para bien, el tamaño de nuestra ignorancia, con la indicación de que podríamos esforzarnos por corresponderlo a la manera simbolista, con el tamaño de alguna esperanza. Nos recuerda que a menos que averigüemos, no sabemos nada de Juan Vucetich ni de Francisca Rojas, infame filicida de la patria, Medea de los pagos de Quequén.  De hecho, el Ulises dantesco no merece la espera de Penélope: sediento de aventura, ya no procura regresar a Itaca después de su demora con la maga Circe.

¿No hay regreso, no hay Itaca? Sin borrar del mapa ese deseo de regreso a la patria natal, Kavafis advierte en su bello y sabio poema que conviene no darse prisa en regresar, que lo que cuenta es el viaje. Tal vez lo que no hay, por suerte, es detectives astutos en mediocres arrabales sudamericanos. Invito a leer y releer todas las parciales magias: descubrir dónde se relata la historia del Santo Sepulcro, con Salomón y David, donde, por los siglos de los siglos, Cristo es hijo de Dios. En fin, nos basta con leer que Tarik es hijo de Zaid. Es fácil reconocer las sombras vivas de personajes, traductores, vidas inventadas y “vividas” de esa galería que parece de infames sólo muy exteriormente. En esas historias se duplican Santos Chocanos, pandilleros neoyorquinos, escritores, personajes de esos escritores, amigos, colegas, filósofos y, con harta frecuencia, hombres que fueron atravesados por alguna revelación religiosa y emprendieron alguna misión espiritual a partir de esas experiencias donde se constata, para algunos pocos, que la vida se juega en un instante. Que para muchos, existe realmente ese instante definitivo. Ramón Lull, León Bloy, Miguel de Cervantes, el General Quiroga, Marco Aurelio, Boecio, Godofredo Leibniz, entre otros, forman parte de esa romería de fieras, que Borges encuentra en la cultura con la misma facilidad que Roberto Arlt en los cafés de Buenos Aires. Inverosímiles impostores que vieron a la partera, se impusieron la vilificación de lo blanco o se desgraciaron en un lance. Si tuviera que elegir qué imágenes perdidas me gustaría rescatar del olvido, como un Fausto parcial al que se le concede un deseo, creo que le pediría a ese Dios, del que alguna vez Borges dijo que le rezaba, aun presuponiéndolo inexistente, ver a Borges jugar al truco.  Merece el Gran Premio en una final ganada por muchísimas cabezas.

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malignant turk

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on septiembre 25th, 2011 by soypielroja

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