La puerta 12: In memoriam simpatizantes olvidados.

Posted in Esto es todo, amigos, Historia Universal, Reproducción sexuada on junio 20th, 2017 by soypielroja

¿Estás avivad@? o El fútbol es peligroso

Esa era la pregunta mediante la cual las niñas y niños de la escuela primaria se sondeaban unos a otros para saber quiénes de ellos sabían el secreto de la fabricación de cuerpos humanos: el terrible secreto del sexo de los padres.

Recuerdo que “avivé” a una compañera y aun me siento responsable por el terror y el asco que le inspiró enterarse de lo que habían hecho sus padres. M. C. tardó en recuperarse de la revelación.

Pero además de aquellas dudas generalizadas que jalonaron los grandes hitos de la infancia, hubo otro hecho que se precipitó, muy localmente, sobre la infancia del barrio de Caballito. El padre y dos hermanos de una compañera murieron en la avalancha que se produjo en la cancha de River. La “Puerta 12”, de la que poco se habló entonces, nos obligó a ingresar a unos pocos “avivados” de aquella catástrofe, en la realidad y a tramitar traumas históricos. La escena primaria, la sexualidad de los adultos, los misterios de la concepción se opacaron ante el dolor inexplicable de la compañera que apenas pudo contar aquella tragedia. ¿Qué sabíamos los demás de fútbol? ¿Qué sabía ella misma? ¿Qué podíamos sacar en limpio sobre la existencia de pasiones semejantes? Recién ahora, tratando de averiguar más o de encontrar documentos sobre aquella avalancha de junio de 1968, tomo conocimiento de que en aquel partido se enfrentaban Boca y River. Caín y Abel por todas partes, incomprensiblemente. Ese temprano Cromañón apenas fue tema de debate en la opinión pública.

El devenir hooligan es casi tan viejo como la Creación. No recuerdo ni el nombre de mi compañera: menos el de sus parientes muertos.  Los simpatizantes visitantes (“eran de Boca”) se aplastaron entre sí intentando abandonar el estadio. ¿Para cuándo el monumento al “hincha desconocido”?

Voici la puerta 12:

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La banda oriental, el fútbol y la felicidad (II)

Posted in Historia Universal, Reproducción sexuada on noviembre 5th, 2015 by soypielroja

Ilusiones orientales de modernidad en 1930 o constelaciones históricas denominadas “batllismo“.

Tal vez sólo haya bastado haber construído el estadio Centenario en tiempo récord y, fundamentalmente, haber ganado la copa, tras las dos victorias sucesivas en los Juegos Olímpicos (1924 y 1928).

En el primer campeonato Mundial de Futbol, la primera copa de la FIFA la garra charrúa volvió a asombrar al mundo y a humillar a los argentinos, en 1930.

Más adelante, el “maracanazo” que hizo llorar al Brasil, arruinando la fiesta en 1950 dejó cristalizado el recuerdo y definió ex post un recuerdo “pantalla” (como dirían los psicoanalistas).

¿Fútbol o camiseta de seleccionado local igual nacionalidad igual modernidad?

¿El Uruguay moderno no nació con el fútbol y no desapareció con el fútbol? O, en otras palabras: ¿el batllismo no será menos uruguayo que otros fenómenos modernizadores comunes a otros países que se “nacionalizaron” y modernizaron con el deporte y la camiseta y también con subtes y trenes y leyes e inmigrantes y menos con presidentes y parlamentos? En fin, más preguntas que respuestas.

Brasil, Uruguay, Argentina, la zona de la cuenca del Plata, esa que alguna vez dominó económicamente el Imperio Británico, recibió en herencia cultural el football, en el cual se volvió un hijo habilidoso y dominante con el tiempo…..

Imperios son esos ¿verdad?

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Ciencia periférica y enfermedades olvidadas

Posted in Esto es todo, amigos, Peer Review on octubre 16th, 2015 by soypielroja

¿Juramento hipocrático, declaración de Ginebra, amnesia moral, genocidio consentido?

Hace años que recibo casi a diario buenas noticias sobre innovaciones drásticas que pondrán fin al Chagas, la principal enfermedad endémica de la Argentina, donde se estima que hay dos millones de infectados: los nuevos hallazgos me invitan a imaginar pronto  pesticidas, trampas, nuevas drogas. Para los científicos, el Chagas es apasionante, un mundo de desafíos mentales, la fuente de recursos humanos y económicos que permite descubrir, por ejemplo,  un transportador de arginina en el Trypanosoma cruzi. “La arginina es una sustancia que el Trypanosoma cruzi extrae del organismo que parasita,  persona o animal,  para utilizarla como fuente de energía.  Mi correo electrónico anuncia con trompetas de alegría cada nueva información que pide albricias por los datos promisorios que los investigadores entregan a la sociedad toda: yo también espero que venzamos el desafío de encontrar un bloqueante para el transportador que, como un cerrojo en una puerta, impediría el paso de la arginina dejando al parásito sin energía y provocándole la muerte. También me intriga la naturaleza original de ese transportador singular del parásito, que no presenta similitudes con las moléculas de las células humanas razón por la que el futuro bloqueante  o cerrojo que detendrá al transportador no afectará negativamente nuestras células.

No hace mucho me alegró otra excelente noticia, de este año 2011: investigadores europeos descubrieron compuestos desconocidos hasta ahora que pueden ayudar a combatir el mal de Chagas evitando la toxicidad de los actuales fármacos y la resistencia con la que el parásito vence al fármaco. Espero que pronto los compuestos no folatos inhiban la actividad patógena del Tripanozoma.

La información que me ilustra sobre los vericuetos del mal de Chagas me explica que se trata de una enfermedad de la pobreza, que afecta a las poblaciones rurales y semirurales que habitan las tierras más cálidas de América Latina, desde México hasta Argentina. Que la infección se expande por nuestra región, donde las chinches o vinchucas entran a las viviendas más humildes, construidas con adobe, paja y otros materiales artesanales, por grietas y techos.  Que al picar a los seres humanos, estos insectos que se alimentan de sangre introducen en sus heces fecales el parásito Trypanosoma cruzi, que entra al torrente sanguíneo de las personas para quedarse ahí por años, hasta causar daño cardíaco y, muchas veces, la muerte. En la escuela primaria me enseñaban lo mismo. Si mal no recuerdo hasta me enseñaron a dibujar vinchucas y en algún cuaderno, con esmerada letra de colegiala, la maestra suscribió con un “Sobresaliente” una prolija y esmerada ilustración gráfica del ciclo completo de la enfermedad.

Sin embargo, es difícil hacerse esperanzas.  En “Las muertes evitables del mal de Chagas” (Mariana Carbajal, diario  Página/12 , del 12 de mayo de 2009)  Héctor Freilij, director del Programa Nacional de Chagas afirma que  no se realizan acciones para detectar la enfermedad en chicos. Que hay pobladores que no saben que el bicho, que habita fundamentalmente en sus ranchos de adobe y techo de paja, transmite una enfermedad. Que las condiciones de la vivienda son otro factor importante para combatir el Chagas. Que en Texas y Arizona hay vinchucas, pero como no pueden instalarse dentro de las viviendas porque son de buena calidad, no hay Chagas en humanos.

En el año 2009, se realizó un congreso conmemorativo del  Centenario del Descubrimiento de la Enfermedad de Chagas. El balance del doctor João Carlos Pinto Dias, de la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil no era entusiasta: en cien años hubo logros, sí. Muchos más científicos se consagran al tema; se controlan mejor los  bancos de sangre para evitar el contagio a través de transfusiones. Pero es descorazonador enterarse de lo que queda por hacer. Más descorazonador es que el médico mismo diga que para combatir la enfermedad de Chagas debemos darle visibilidad. Yo me ocupo de eso, Doctor. Lo que espero de usted es que la cure. Que diga que para combatirla hay que curarla, que la cure.

Así, pienso, es la ciencia periférica, no la de la periferia en la que trabajaron Carlos Monge Medrano, Bernardo Houssay o Jorge Luis Borges, sin pensar si vivían en los centros o en las periferias. Haciendo lo que debían o creían que debían hacer.

Se llamará “periférica” una ciencia (que no tolera ser llamada ciencia) la que tolera incorporar el concepto de “enfermedades olvidadas” para, referirse. por ejemplo, el mal de Chagas. ¿Olvidadas por quién? ¿Qué lenguaje admite ese adjetivo? Sólo la ciencia periférica puede olvidar o llamar olvidada una enfermedad que mata diez personas por día, que hace más de cien años fue descripta y explicada, sin las nuevas herramientas, técnicas y conocimientos que las ciencias centrales y periféricas comparten actualmente, por el médico brasileño Carlos Chagas. Ese científico nada periférico produjo en la periferia un trabajo único en la historia de la medicina, puesto que fue el único investigador hasta ahora en describir completamente una nueva enfermedad infecciosa: su patógeno, su vector (miembros de la familia Triatominae), su hospedador, sus manifestaciones clínicas y su epidemiología.

No sé qué pensarán los enfermos de Chagas.  Ignoro qué recuerdan y qué olvidan. Me pregunto: ¿Quién olvida una enfermedad? No las que la padecen, aunque muchos ignoran que están enfermos y mueren súbitamente sin saberlo.  Tampoco la olvidan ni la vinchuca ni el parásito.

La noticia más reciente da ganas de llorar o de convocar ciudadanos para ir a fumigar y levantar paredes. 600 científicos se han reunido hace días. Su tema de discusión:  las  enfermedades olvidadas. Aceptar esa denominación es  capitulación periférica y una falta al juramento que ameritaría destitución e inhabilitación de quienes recibiern títulos habilitantes para los cuales se requirió el juramento hipocrático. Que Dios, la Patria, los Santos Evangelios o lo que fuere, os lo demanden.

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¿Periferia o fraude?

Posted in Peer Review on enero 19th, 2012 by soypielroja

Antes de entregar una colaboración en un libro, por el que no ganaré ningún dinero y del que, en el mejor de los casos, mi participación me hará acreedora a un ejemplar, me comprometo por contrato a ser la autora original del trabajo que, además, debe ser inédito. Curiosamente y sin mérito que lo justifique, las revistas con referato, han sacado patente cienciométrica como portadoras de una “calidad” que nadie ha constatado fehacientemente. Se podría alegar, en contrario, que sí se ha podido corroborar el descuido, la irresponsable publicación de cualquier monstruo engendrado por la razón o el hurto malicioso de lo ajeno, sin importar si el material ya ha recorrido otras tipografías supuestamente tan exigentes, si es original, si además de original es relevante y si constituye algún aporte al conocimiento.

Hoy por hoy, cualquier universidad, facultad, unidad académica o asociación –lícita o ilícita– tiene el poder de gestionar un ISSN  e “indexar” algún parto de la malicia o la inteligencia. En ese consorcio donde lo principal es instaurar una cadena de favores para que no siempre el director de una revista publique en ella, lo que de todos modos es ya consuetudo que la elemental garantía de honestidad intelectual y moral debería prohibir, y entre directores y autoridades de unas y directores y autoridades de otras tenga lugar un ininterrumpido proliferar de colaboraciones. ¿No es curioso que el evaluador de una cometa idénticos errores que el evaluador de otra? ¿Que se reiteren incluso los errores ortográficos y sintácticos, en simultáneo con los horrores intelectivos? Es difícil que existan dos o más personas en este mundo tan casualmente inclinadas a pasar por alto groserías idénticas cuando su misión es impedir que mancillen las páginas de una publicación con pretensiones académicas. La conclusión es que nadie ha evaluado nada. El principio constitucional de presuposición de inocencia puede ser útil para confiar en que el autor del engendro, profesional regido por un código de ética y un respeto por su disciplina que se presume, más que la inocencia, sagrado, hace agua en el mar menos pensado. Estamos frente a la mala fe, a la deliberada reiteración de refritos propios con el único propósito de mantener actualizado el curriculum.

Que ese contraventor de la ciencia y la verdad se constituya en anfitrión de un encuentro internacionalísimo destinado a debatir en más de una decena de ponencias, las relaciones entre ciencia central y ciencia periférica, haciéndose olímpicamente el oso sobre la relación entre el fraude y la condición periférica a la que condena cualquier producción que su mera presencia degrada es ya el colmo de la tragedia nativa.

Algo falla en el contralor de quienes ponen a su alcance los recursos para estafar a sus pares y a la sociedad. ¿Con qué criterio CONICET autoriza el giro de recursos a un director de proyectos que solicita fondos para publicar un libro con resultados de investigaciones si, los libros no sirven para nada ante el valor de las publiaciones en revistas con referato y si, como es el caso, los resultados del trabajo del que solicita el dinero, ya han sido publicados con antelación al libro donde supuestamente piensa publicarlos?

¿Qué hace mientras tanto con los resultados de los otros integrantes, que sí entregan inéditos originales? ¿Distribuírlos para uso de conocidos, amigos, entenados? Sí. ¿Utilizarlos para sus propios fines? Sí. ¿Ignorarlos cuando menciona la inexistencia de trabajos sobre un cierto tema sobre el que, extrañamente, versan los que le han sido remitidos de buena fe por integrantes del proyecto que dirige?

El reglamento que establece los criterios por los que se otorgan subsidios menciona que valoran la “actividad intelectual original” pero no queda claro si existe, además de la mera rendición de cuentas, alguna instancia donde se evalúe el “libro” publicado con los fondos públicos: si ha habido actividad intelectual original, si se ha respetado la autoría de los miembros del equipo de investigación, entre otros detalles. ¿Si, como es el caso, el director del proyecto ha utilizado los fondos para hacer imprimir un libro, en el que publica un refrito muy anterior a la solicitud del subsidio, NO ESTÁ VIOLANDO NORMAS ELEMENTALES DE LA ACTIVIDAD INTELECTUAL Y MORAL? ¿Además de rendir cuentas “contables”, no se presume que deberá ser objeto de evaluación cuidadosa no sólo el uso de los fondos sino la pertinencia, calidad, responsabilidad, originalidad, del producto para el que fueron solicitados?

¿Qué sentido tiene elucidar qué periferia del espacio tiempo habita nuestra ciencia local si no se reflexiona primero y se obliga a hacerlo a quienes por propia decisión se colocan al margen de la ley? Más triste es tener que consignar que estos enjuagues, que podrían explicar, aunque no justificar, robos y espionajes entre laboratorios que custodian conocimientos “preñados” de promesas de ganancias económicas, provienen del área de las humanidades y de “doctores” que apenas saben escribir una oración correcta. Pensar, pensar, pensar… no: de eso nada. En próxima entrega se revelará a qué llaman estos sujetos “pensamiento”.

Mientras tanto: Insisto; lo digo a título personalísimo. Señores del CONICET; presten debida atención a los siguientes subsidios otorgados:

1) PIP 5954: “Redes culturales latinoamericanas. Formación y funciones  durante la modernidad (1900-1930 y la utopía revolucionaria (1960-1980)”. Director: Claudio Maíz.

2)  PIP 11220080101336: “Estudio histórico de las redes intelectuales-literarias en América Latina. Secuencias, contactos, configuraciones, religaciones transnacionales y el impacto en la producción letrada”. Director: Claudio Maíz.

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Un poema ultraísta de Jorge Luis Borges: “Gesta maximalista”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on diciembre 19th, 2011 by soypielroja

GESTA MAXIMALISTA

Desde los hombros curvos

                se arrojaron los rifles como viaductos

Las barricadas que cicatrizan las plazas

                vibran nervios desnudos

El cielo se ha crinado de gritos y disparos

Solsticios interiores han quemado los cráneos

Uncida por el largo aterrizaje

      la catedral avión de multitudes quiere romper

                                                              (las amarras

y el ejército fresca arboladura

            de surtidores—bayonetas pasa

el candelabro de los mil y un falos

Pájaro rojo vuela un estandarte

              sobre la hirsuta muchedumbre extática


  Ultra, Año I, Número 3, Madrid, 20 de febrero de 1921, página 3

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