¿Puede hablar el subalterno?

Posted in Peer Review on enero 21st, 2015 by soypielroja

Algunas indagaciones, propuestas y consideraciones en torno a una extraña interrogación que procede de ámbitos académicos.

El que pregunta no se considera subalterno.

El que pregunta entiende que sí puede hablar: de hecho, al preguntar está hablando.

El que pregunta sugiere que el “subalterno” no habla. Al menos, el que pregunta no lo ha escuchado puesto que, de lo contrario, la pregunta carecería de sentido. El que pregunta no explica quién es el “subalterno”.

Tanto si habla, grita o aúlla, ese “subalterno” no está siendo oído por quien pregunta acerca de las posibilidades del “subalterno” de hablar. Ergo, el que pregunta lo hace retóricamente puesto que no hace oídos al “subalterno” sino a su propia pregunta y, eventualmente, a su respuesta.

El que pregunta ha dado un nombre extravagante y peyorativo a quien llama “subalterno”. Es posible que el “subalterno” no se reconozca bautizado con esa denominación.  Cuando Robinson Crusoe establece “te llamaré Viernes” para llamar a Viernes, ignoramos qué decisión adopta el llamado Viernes sobre cómo llamar a Crusoe. A lo mejor lo llama “idiota” pero no lo sabremos.

Proposiciones:

1. Un sano silencio permitirá a quien habla dejar de oír su propia voz y, eventualmente, averiguar quién habla.

2. Un sano silencio incrementa la reflexión y puede que considere absurdas algunas preguntas.

Qué dice la historia:

1. Las mujeres no tenían permiso para hablar. Al contrario, el silencio era la terapia que durante casi dos mil años les fue prescripta.

2. La prohibición de hablar se extendió a muchas otras: cantar, actuar en el teatro, votar, administrar sus bienes.

3. Siempre se prohíbe hacer lo que se puede hacer. Exceptuando las ficciones de Kafka, donde la desproporción de la ley es constitutiva de su crítica, en el mundo real los legisladores tienden a ahorrar energía y tiempo evitando prohibir prácticas que imaginan irrealizables: por el momento no está prohibido ir en bicicleta a la Luna y nadie lo ha intentado.

4. Se deduce de lo anterior que matar y robar son actos en extremo frecuentes entre los seres humanos.

5. No está claro que exista una prohibición universal contra el incesto. El debate sobre si esa inexistente prohibición es cultural o biológica pasa por alto el hecho de que dicha prohibición no se encuentre formulada. En cambio, las prácticas de incesto están ampliamente documentadas. Es extraño deducir que Edipo Rey revela que en todo hombre existe la fantasía de matar al padre y casarse con la madre. Aristóteles menciona que si uno mata a su padre ignorando la filiación, no hay dolo. En Edipo Rey queda perfectamente establecido que un padre sí puede desear y hacer cumplir su deseo de matar a su hijo, sin ignorar la filiación entre ambos. Layo decide matar a Edipo. Comete el error de encomendar la tarea a un tercero imbuido de compasión humana que incumplirá la orden. Tercerizar no siempre da buenos resultados.

El “subalterno” nunca está solo y con ese nombre nunca hablará o nunca será escuchado. ¿Yo puedo hablar? Si yo puedo hablar, haciendo uso del pronombre que está disponible para todos, todos pueden hablar. La pregunta es:  Quien se excluye del conjunto del “subalterno” y hace del subalterno una suerte de individuo inverosím revela que sólo se interesa en preguntar y responder su pregunta de manera retórica. ¿Yo puedo hablar? Tal vez sea la gran pregunta. Me llamarás subalterna. Yo te llamaré con nombres secretos.

 

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Borges y Carriego, el tango y Wagner

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on diciembre 4th, 2014 by soypielroja
  • Una magia parcial de Jorge Luis Borges.
  • Wenceslao Suárez, el manco y Sigmund Wälse, bonito anagrama.
  • Con cambio de nombres y lances de cuchillos, facas, espadas: ! de un cuchillito cualquiera a … Notung!.
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Carta de Julio Cortázar a Ana María Barrenechea (fragmento)

Posted in Esto es todo, amigos, Un cacho de cultura on agosto 25th, 2014 by soypielroja

Mi querida Anita:

No me creas perezoso, pero tu carta llegó en los días en que nos íbamos a Viena a trabajar, y acabo de encontrarla a mi regreso. Tampoco me creas hiperbólico si te digo que tu carta ha sido una de las alegrías más grandes de mi vida. ¿Pero cómo describirte esa alegría? No es el contento vulgar de quien recibe buenas noticias, ni el halado parecido a la caricia o a la cosquilla de quien se siente comprendido y agraciado en lo que hace. Mi alegría es otra, es como un encuentro largamente esperado, o como un árbol que uno ha visto muy lejos, contra el horizonte, y al que por último se llega después de caminar y caminar, y el árbol es cada vez más verde y más hermoso. Mirá, desde que mi libro apareció en Buenos Aires, he recibido y recibo muchas cartas, sobre todo de gente joven y desconocida, donde me dicen cosas que bastarían para sentirme justificado como escritor. Pero las cartas de los jóvenes son siempre actos de fe, arranques de entusiasmo o de cólera o de angustia. Me prueban que Rayuela tiene las calidades de emético que quise darle, y que es como un feroz sacudón por las solapas, un grito de alerta, una llamada al desorden necesario. Pero vos, que por una simple cuestión de madurez intelectual y de técnica profesional, has leído el libro un poco como yo lo he escrito, es decir al final de una larga ruta, de una inmensa biblioteca leída y vivida y decantada, vos, tan serena y segura en tus juicios, vos me escribís una carta que es como una respiración profunda, que está llena de rumores y cosas apenas dichas y movimientos encontrados, una carta que en el fondo no se diferencia mucho de las cartas que me han escrito tantos muchachos, a la vez que está a una altura infinitamente superior a ellas, y eso es lo que me conmueve, que me hayas escrito algo que es como un balbuceo (y mi libro es eso, porque lo que verdaderamente quiere decir no se puede decir) y al mismo tiempo se siente y se sabe que has ido al fondo de las cosas y las has pesado y analizado y encontrado bien o mal o alguna otra cosa, pero por un milagro que nunca te agradeceré bastante toda esa labor de sondeo y todo ese peritaje sutil que hacen de vos lo que sos como crítica y como persona, no ha conseguido petrificar lo otro, lo que llamo balbuceo a falta de mejor nombre, y entonces tu carta es como una paloma o una bola de vidrio, algo donde continuamente pasan reflejos y murmullos, y la vida. Sabés, no creas que en esta dicotomía que parece deducirse de esto (crítica-balbuceo) hay un juicio peyorativo para la parte crítica. ¿De qué sirve un balbuceo cuando sale de la boca de un idiota? Lo asombroso para mí, siempre, es ese raro equilibrio que sólo los más grandes logran (pienso en Curtius, en algunos textos de Burckhardt, cosas así) y que en última instancia permite a la inteligencia romper sus demasiados ceñidos límites y comulgar con ese otro reino misterioso donde cosas indecibles se mueven en la realidad profunda y son, quizá, lo único necesario. Pero haquí, como diría Holiveira, me paro en seco. Assez bavardé.

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Un poema ultraísta de Jorge Luis Borges, “Mañana”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras, Un cacho de cultura on agosto 21st, 2014 by soypielroja

MAÑANA

A ANTONIO M. CUBERO

Las banderas cantaron sus colores

y el viento es una vara de bambú entre las manos

 

El mundo crece como un árbol claro

Ebrio como una hélice

el sol toca la diana sobre las azoteas

el sol con sus espuelas desgarra los espejos

Como un naipe mi sombra.

ha caído de bruces sobre la carretera

Arriba                                                      el cielo vuela

y lo surcan los pájaros como noches errantes

La mañana viene a posarse fresca en mi espalda.

 

JORGE LUIS BORGES

En Ultra, Madrid, Año I Nro. 1, 27 de enero de 1921

 

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Borges ultraísta: “CASA ELENA”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on marzo 25th, 2012 by soypielroja

                                                 CASA ELENA

                                  (Hacia una Estética del Lupanar en España)

      Las paredes petrificadas en un gesto de máxima severidad nos  lapidan. Los carteles borrachos saltan de los balcones. Pero junto a un rectángulo iluminado que susurra

C A F É

hay un zaguán y una escalera vehemente, y una `puerta que cede con esa sumisión de los libros que se abren en la pagina manoseada y requeteagotada por el estudio.

Luego  =========== el burdel

***

Un cuartujo donde algún (sic) que otro sombrero decapitado se desangra en las perchas. Unas cuantas muchachas. Un tropical enroscamiento de risas. Ciñendo un velador donde se pluraliza la mentira de un carnaval de naipes, se despereza nuestro aburrimiento. Las mujeres — el muestrario esperanzado y ecuánime del burdel de provincias – se ofrecen con la porfía intermitente de un albarán demasiado alto.

Domina una atmósfera de espontaneidad y de puericia. Un ambiente de cuarto de juguetes y de patio con surtidor. Enteramente primitivo, anti-cristiano, anti-pagano, anti-maximalista y anti-patético.

***

Aquí fracasan todas las religiones. La concepción judáica fracasa, ya que al árbol del Génesis lo han talado a golpe de falo  y Adán y Eva se ven aquí reducidos a su actuación más lamentable de mercancía y comprador. La concepción hedónica fracasa, ya que al placer lo han mutilado, robándose las tiaras prestigiosas de la visión romántica y subrayando su tonalidad de fatalismo duro.

Todo es amaestrado, manso, oficial. Primitivo al mismo tiempo que encarrilado, tal un caballo que hace pruebas o una vidalita donde rimen dolor y amor…  Y nosotros aguardamos al margen de la media noche como al margen de un río.

El día, como un perro cansado, se tiende a nuestros pies y le acariciamos el lomo. Y la Estatuaria –esa cosa gesticulante y mayúscula—la comprendemos, al deliciarnos con las combas fáciles de una moza, esencial y esculpida como una frase de Quevedo. Y que acepta  –sin mayor alarde de asombro—la oxidada moneda falsa de nuestros verbalismos.

***

Después========== la trabazón carnal. Con estas tres palabras me basta. Ya que el placer, siendo algo que no está en el recuerdo, es igualmente inabarcable para todas las fórmulas.

De la madeja sensorial, la memoria sólo almacena los datos auditivos y visuales. Los otros –placer, dolor, estados térmicos—únicamente  persisten vertidos al lenguaje de la visualidad y de la audición. E Íntimamente, ¿qué pueden importarnos las interjecciones y la plasticidad de las etapas del ayuntamiento, si estas cosas tienen sólo un valor de paralelismo con el placer, que es lo único esencial y que nadie logrará jamás encerrar en una urdimbre de arte.

***

Salimos. El bloque de aire cuadrangular que oprimía nuestras espaldas se hunde. El andamiaje de guirnaldas de brazos y voces acarameladas también se aleja. El cielo se ha llenado de astronomía. Una estrella jadeante tiembla sobre los techos del mercado. Nuestros ojos pulsan muchas estrellas. Las calles, como rieles expertos, nos empujan no se sabe a qué parte.

Contra el silencio de acero de la ciudad nuestros pasos rebotan, como si fuésemos las avanzadas de un ejército que viniera a conquistar la ciudad desmantelada y desnuda. Una hora floja cae tropezando de un reloj. El viento escamotea las luces o las ahorca. En los arrabales del mundo el amanecer monstruoso y endeble ronda como una falsedad.

                                                                         JORGE-LUIS BORGES

En Revista Ultra, Año1 Número 17, Madrid, 30 de octubre de 1921.

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