El silencio de las sirenas

Posted in Reproducción sexuada on febrero 26th, 2017 by soypielroja

Por Franz Kafka

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba: Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente. 

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

NOTA: ESAS HIBRIDACIONES DE ANIMALES Y “MUJERES” COMPARTEN UNA CARACTERÍSTICA, ADEMÁS DE LA AGRESIVIDAD: NO PUEDEN REPRODUCIRSE. SON ESTÉRILES. LAS SIRENAS SON FEAS, YA LO SABEMOS. DECIR QUE CANTAN ES UN EUFEMISMO: CHILLAN, AVISAN QUE ESTÁN ALLÍ… ODISEO NO SABE NADA DE MÚSICA.. SÓLO OYE BATALLAS, GRITOS, SONIDOS DEL PROCELOSO MAR… COMO LA RATA JOSEFINA, LA CANTORA DE KAFKA, ASÍ SON LAS SIRENAS… RECORDEMOS QUE JOSEFINA, LA EXCELSA CANTORA, APENAS SI CHILLA… COSAS QUE PASAN EN EL PUEBLO DE LOS RATONES… KAFKA SEGURO PENSABA TAMBIÉN EN LA PARADOJA DE LAS SIRENAS…  LA MUSICA CALMA A LAS FIERAS, DICEN…. TAMBIEN LAS FIERAS CUYA BELLEZA Y LA DE SU CANTO SE PRESUPONEN TIENEN LA ALTERNATIVA DE HACERSE PERDONAR: SI LOGRARAN CANTAR TAL VEZ SE VOLVERÍAN BELLAS. POR LO MENOS, CALMARÍAN LOS TEMORES QUE DESPIERTAN. EN TODO CASO, LAS FIERAS PUEDEN CALMARSE SOLAS CON LA MUSICA Y, DE PASO, CALMAR A LOS QUE QUIEREN CALMAR A LAS FIERAS, AL LOBO DEL HOMBRE QUE SIN EMBARGO TIENE MIEDO DE LAS MUJERES.

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“Claudio Maíz: exceso o deficiencia de imaginación (o de referato)” NO PUBLICABLE

Posted in Peer Review on marzo 9th, 2016 by soypielroja

Sobre Claudio Maíz, “Teoría y práctica de la ‘patria intelectual'”: la comunidad transatlántica en la conjunción de cartas, revistas y viajes”.

En Claudia Wasserman y Eduardo Devés-Valdés,  Pensamento latino-americano. Além das fronteiras nacionais, URGSS editora, 2010, también en Revista Anos 90, Porto Alegre, volume 16, Número 29, julio 2009 y también en Revista Literatura y lingüística Nro 19 y tal vez también en otra parte…

por Maud N. Mc’Gill (PhD. Dresden University)

A confesión de parte relevo de pruebas, dicen abogados y en este caso el “paper” (?) vino con comentarios autorales que comparto: “falta la última puntada” y “todavía no me conforma”. Publicado no obstante y más de una vez corresponde dar por terminada la espera razonable de la puntada final faltante. Se abre el referato espontáneo con la pregunta “¿qué cobrás, referee?” mientras gritan muchos otros “es orsaí”, “es orsaí”.  Será nomás: de balon-pie no entiendo nada; transcribo aquí lo que se oye en el estadio.  Intenté excusarme de evaluar el “paper” (?)

Recomendación: No publicable.

Fundamentación:  Comienzo por lo más difícil, el comienzo. Espero que, como de costumbre, el espíritu de cooperación que anima a los lectores ayude a desentrañar el significado de este acelerado entimema que copio textualmente de las versiones recibida e impresas, dejando asentadas dudas sobre posible (pero imposible, lo estoy viendo más de una vez y sic sic sic) errata.

Cito el comienzo:   “Cuál es la incidencia que tienen las redes sobre la configuración de las comunidades imaginadas por los intelectuales. La pregunta es compleja puesto que envuelve otro problema, esto es, el magro intento de vincular las redes con la configuración de las comunidades imaginadas. Ahí habría una primera falencia que es preciso subsanar. Entre otras razones, porque mediante el entrecruzamiento de ambas dimensiones se obtienen, a nuestro juicio, novedosos frutos. El pensamiento relacional permite algunas revelaciones que, desde otras perspectivas, parecen poco satisfactorias.

Indagación: A ver si comprendemos. “Pregunta compleja”, “magro intento”, “vincular”.  Continuemos elucidando los términos:

la (A): incidencia que tienen

las (B): redes,

sobre la (C):  configuración

de las  ¿(D): comunidades?

o ¿(D y E): comunidades imaginadas –todo junto–

por los (F): los intelectuales.

Mmmmmmmmm. Ok. La era está pariendo una idea en indirecto libre. Un diálogo encriptado entre Sócrates y un interlocutor de cuyo nombre parecen no querer acordarse. Hay una falencia que hay que subsanar ¿dónde? ¿Por qué el intento es magro?

¿El autor escribe bajo amenaza y bajo protesta? ¿Cómo se definen los sustantivos que van de A a F? Y ¿dónde está X? ¿Cuál es la incógnita?

No puedo resolverlo. En cambio puedo entender con excelente voluntad que un poco después me aclaren D/E, en efecto, bien vislumbrado “comunidades imaginadas”, dado que luego, cito, dice: “La configuración de una comunidad imaginada alcanza dimensiones limitadas cuando se trata del paradigma nacional, en la línea de Benedict Anderson“. Benedict Anderson, ah… No figura en la bibliografía pero por suerte conozco su libro Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, publicado en 1983 y revisado en la segunda edición de 1991 (versión castellana, México, Fondo de Cultura Económica) donde corrige algunos conceptos de la primera y que tiene como objeto definir operativamente el concepto de “nación” desde una perspectiva antropológica (del tipo “parentesco” o “religión”) antes que una política (del tipo “liberalismo” o “fascismo”).  La definición sería entonces: nación es una comunidad políticamente imaginada como inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque los miembros de la nación no conocen a la mayoría de sus compatriotas aunque en todos ellos existe una “representación” de su comunión. O sea, somos franceses, o somos argentinos, por ejemplo, aunque si soy de Santiago del Estero puede que nunca conozca a mi compatriota de La Pampa. O si soy de Marsella puede que nunca conozca a un bretón. O si soy catalán puede que nunca conozca a un vasco y sin embargo sepa que soy español. Y sin embargo sé dónde están las fronteras más allá de las cuales un alemán no es francés ni español.  Cuando juega la Copa del Mundo “nuestra” gloriosa selección de balon-pie todos festejamos cuando los de la camiseta tal hacen un gol. O todos nos entristecemos cuando nos hacen un gol y “nos” ponemos O-1. Claro, por una cuestión de tamaño de la naturaleza y finitud humana, “todas las comunidades mayores que las aldeas de contacto directo son imaginadas” (Anderson, p. 24). Las comunidades nacionales, me explica Anderson, a quien no veo alinearse con otro como para decir en qué línea debo pensar a Anderson o a los demás, me sugiere distinguir las comunidades  “por el estilo en que son imaginadas”. La abstracción “sociedad”, dice Anderson, puede que no sea obvia como tal vez no era obvia la de “aristocracia” o la de “monarca absoluto por derecho divino” o “régimen feudal” o “lacaniano-freudiano” o “socialismo real” o “ex marido” mientras todavía no se procesan esos conceptos en su desarrollo histórico para quienes sin embargo son los siervos de la gleba o los señores feudales o las ex esposas o los miembros de las asociaciones psicoanalíticas antes de acuñarse los conceptos o términos. La comunidad es limitada y no limitada porque de lo contrario no tendría nada en común entre sus miembros y nada que hiciera de los no miembros eventuales enemigos o vecinos o cualquier clase de otros no pertenecientes a nuestra comunidad. Se imagina soberana porque asume que desea ejercer su derecho a la autodeterminación si no le es dado: en ese sentido sería razonable afirmar que nación y Estado son categorías contemporáneas. “Nación, pueblos, lenguas” es el modo en que en el antiguo Testamento se convoca a todo el mundo a escuchar un mensaje. Equivale a vengan todos, agrupados según vuestras categorías vigentes cuando los llamo. Y, finalmente, la comunidad se imagina como comunidad y esto es lo central, porque pese a que en su interior los miembros se exploten unos a otros y reine entre ellos la más cruel desigualdad o la más salvaje indiferencia, se “aman” entre sí más de lo que aman a los extraños y, pese a todo, son en ese nosotros que imaginan, son iguales. El “pro patria mori” es un efecto de ese estilo de imaginación de conjunto. O sea que nuestro ejército es nuestro y podemos decir de otros que no están formados por miembros de una comunidad, por ejemplo, que son un ejército de mercenarios. Es decir que los soldados luchan a cambio de un pago. No luchan por amor a la patria. En definitiva: la comunidad imaginada, que simplemente vuelve operativo el concepto de nación que desarrollará Benedict Anderson y que no es el centro de su reflexión, como la manzana de Newton no lo era de la teoría de la gravedad, no puede ser pensada en una dimensión superior ni forma parte de diversos paradigmas, del cual uno sería el nacionalista y otro lo ignoro. Si fuera el internacionalista Anderson no se habría molestado tanto y lo llamaría clase o Estado o tories y whigs o vaya uno a saber. El modelo monárquico dinástico que precede al surgimiento de las naciones “modernas” impedía que uno fuera particularmente nacionalista si los mapas móviles y precarios definidos por las alianzas dinásticas entre casas reales de diversas familias, procedencias, creencias, rivalidades o amistades podía durar lo que duraban esas alianzas. Después de todo, Guillermo el Conquistador de Inglaterra (una entidad que no existía anteriormente) era normando y Napoleón, héroe de Francia, era corso. Y yendo para atrás, los españoles Séneca y Marcial habían llegado a Roma desde Hispania y sus antepasados habían combatido ferozmente y perdido contra los romanos en esa incansable usina transculturadora que llamamos historia. Y así comemos papa y tomate y tomamos café y en América hay vacas, caballos, gauchos y héroes y militares a montones y a montoneras y hasta malones y  cows boys y muchas veces parece que todo integra la “tradición” originaria porque se festejan las tradiciones de a caballo como si Colón y no los habitantes de las Indias Orientales (luego americanos) hubieran sido los centauros armados y no a la inversa. De modo que las preguntas que el autor del artículo se formulan a continuación ya tienen respuesta si es que pretendo utilizar la noción de “comunidad imaginada”, válida en este esquema sólo para el concepto de nación. Si, para trazar una analogía, me interesa la mermelada puedo discurrir sobre peras, pomelos y manzanas pero si me interesa la gravedad puedo prescindir de hacer distinciones entre frutas. Pensar el heliocentrismo en la línea de Ptolomeo no me será útil ni a corto ni a largo ni a mediano plazo.

El autor se formula las siguiente preguntas, que cito, que creo están respondidas en la explicación que acabo de proporcionar y que demuestran que dichas preguntas están mal formuladas o no son preguntas congruentes.

“¿La imaginación de una comunidad constituye un hecho aislado, individual, propio, o bien se forja en la intercomunicación con otros sujetos? La respuesta puede parecer obvia, sin embargo a poco de andar descubrimos que, pese a considerarse comunitaria, no hay análisis de la manera como la imaginación trabaja, en qué ámbitos se realiza y de qué medios se vale para tales fines y cuáles son los resultados. La configuración de una comunidad imaginada alcanza dimensiones limitadas cuando se trata del paradigma nacional, en la línea de Benedict Anderson, aunque también puede pensarse la comunidad imaginada en una dimensión superior, como la que presentan las elites intelectuales. ¿El sentido de pertenencia es siempre el mismo o varía de acuerdo a las redes y las condiciones en las que éstas se originan? Las redes intelectuales del siglo XIX, si se toma en cuenta la fuerte impronta política que anima a algunas de ellas, como por ejemplo la de los “proscriptos” durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas en la Argentina, no parecen demasiado similares a las de comienzos del siglo XX, en momentos de la autonomía del arte, la especialización de la política y un intenso cosmopolitismo. Con todo, el principal punto común que poseen es haber trabajado por fuera de las fronteras nacionales”.

Sugiero se consulten los intentos fallidos por realizar un Congreso de Intelectuales Libres Hispanoamericanos y las polémicas suscitadas entonces, entre 1923 y 1925, aproximadamente. La muerte del principal promotor de la iniciativa, el peruano Edwin Elmer, asesinado por el intelectual José Santos Chocano en una pelea antecedida por una agria polémica que involucró también a José Vasconcelos y Leopoldo Lugones es clara ilustración de las discusiones sobre la cuestión “hispanoamericana”.

José Gervasio Artigas pensó “más allá” del Estado Nación. Lo hicieron muchos otros, como por ejemplo, todos aquellos que construyeron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, claro ejemplo de cómo los Estados no siempre son estados nacionales. La documentación sobre la historia de Yugoslavia, la entera historia de lo que alguna vez fue Yugoslavia  y ya no lo es más es ilustrativa de las muchas respuestas que pueden darse a la cuestión.  La americanidad de muchos americanos a comienzos del siglo XIX es menos patriótica que producto de la unión de factores contingentes y necesarios. Es complejo afirmar que Rubén Darío es nicaragüense cuando, básicamente, era más bien americano o, para los españoles, “indio divino”, incluso. La Argentina, si se estudia el caso, presenta algunos rasgos excepcionales en cuanto a la afirmación de su particularismo. La polémica en torno al meridiano intelectual de Madrid, de 1927, revela lo que está en juego y quiénes son principalmente los polemistas.  Es gracioso considerar también que para Ramón del Valle-Inclán, España ni siquiera forma parte de Europa (así lo afirma en 1926).

Estos errores de apreciación o productos del desconocimiento del tema que trata se comprenden todavía mejor en la siguiente afirmación. Cito: “Nuestra hipótesis de trabajo, en tal sentido, consiste en plantear que entre 1898-1920 aproximadamente se constituye una comunidad imaginada más allá de las fronteras nacionales de Hispanoamérica y más allá aun del obstáculo geográfico que representa el Océano Atlántico. Afirmamos que se trata de la primera comunidad imaginada intraamericana y trasatlántica con un fuerte anclaje en la lengua como nexo de unión y entendimiento. Este espacio ideal no está regimentado por una idea de unión continental hispanoamericana, cuyo origen se remonta a los tiempos de los libertadores (Simón Bolívar, el más destacado), y de los intelectuales republicanos (Andrés Bello, Simón Rodríguez), ni tampoco por un hispanismo hegemónico (con sentido regenerativo de una ideología monárquica y católica, como lo llegó a ser durante la era del franquismo). Tampoco se trata de acuerdos interestatales o acciones llevadas a cabo por actores de ese sector (económicos, diplomáticos, financieros, etc.), ni de clases, algo así  como una internacional hispana de obreros, campesinos o artesanos. Esta primera comunidad intelectual imaginada no fue sencillamente el resultado espontáneo de un conjunto de voluntades, sino la consecuencia de una labor precisa, como podrá observarse más adelante.”

Continúo: de modo que, puesto que la “comunidad” de la que habla no se construye sobre la base de la imaginación, no correspondería el uso de la categoría “comunidad imaginada”. Tampoco el de nación, que es la razón por la cual Anderson precisa crear esa noción.  De hecho, este error conceptual y categorial vuelve a hacerse visible en la siguiente afirmación del autor:

“Para hacer posible una comunidad intelectual de intereses y perspectivas comunes, de origen español e hispanoamericano, se contaba para la época con escasos recursos, si lo vemos desde nuestra propia contemporaneidad. Apenas la carta, los periódicos, las revistas y los libros. Medios que además presentaban enormes dificultades de circulación y distribución. A eso se debía sumar las distancias transatlánticas y también intracontinentales en Hispanoamérica, que dificultaban los viajes a punto de hacerlo una actividad excepcional. No obstante lo cual, los viajes existieron y contribuyeron al ensanchamiento imaginario. La comunidad, con todo, se hace realidad, gracias al uso intensivo de estos únicos recursos que tenía a mano.”

Como se ve, nada más alejado del concepto de “comunidad imaginada.”-

Sobre la base de esta incongruencia no es posible sugerir la reescritura del “paper” dado que es irreescribible.  Es que 2 más 2 es 4 y sigue siendo el estado de la cuestión. Si se alega que la suma debería dar 6 hace falta una metodología que lo demuestre.  Si, en cambio, lo que el autor busca es multiplicar y no sumar, se recomienda averiguar en qué consiste la operación y cómo son sus protocolos y métodos.

Sugerimos que los autores estudiados sean consultados en sus obras originales y no en antologías o compilaciones o reseñas de segunda o tercerísima mano.  Sugerimos que se incluyan en la bibliografía otros autores mencionados, como Benedict Anderson, por ejemplo. Las ausencias de las fuentes dificultan muchísimo las evaluaciones solicitadas. Se comprende que el colaborador rinda tributo a la obra de quien figura como uno de los “organizadores” del volumen en el que se incluye este “paper”. Sin embargo, no parece que Eduardo Devés-Valdés haya realizado aportes sustanciales (más bien es un gran autor de listados de nombres de autores y obras) con poca elaboración conceptual) y tal vez sea esa una causa de las deficiencias detectadas en varias colaboraciones incluidas en el volumen.

Resulta preocupante que el autor de este trabajo tan endeble dirija una revista académica indexada (Cuadernos del Cilha, UNCUYO).  La Argentina está condenándose a producir pensamiento y ciencia periféricas por su propia voluntad y desidia.

También hay críticas interesantes al concepto de comunidad imaginada en lo que concierne al tipo de comunidades indígenes que también fueron decisivas en la construcción de naciones en América del Sur, modelo sobre el cual se basa Anderson para la construcción de sus hipótesis sobre naciones y nacionalismos.  Véase el video sobre la Revolución mexicana a continuación:

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Borges, anatomía de su “ultra” y sueltos

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras on noviembre 29th, 2015 by soypielroja

“ANATOMIA DE MI  ULTRA”

La estética es el andamiaje de los argumentos edificados a posteriori para legitimar los juicios que hace nuestra intuición sobre las manifestaciones de arte. Esto, en lo referente al crítico. En lo que atañe a los artistas, el caso cambia. Puede asumir todas las formas entre aquellos dos polos antagónicos de la mentalidad, que son el polo impresionista y el polo expresionista. En el primero, el individuo se abandona al ambiente; en el segundo el ambiente es el instrumento del individuo. De paso, es curioso constatar que los escritores autobiográficos, los que más alarde e hacen de su individualidad recia, son el fondo los más sujetos a las realidades tangibles. (Verbigracia, Baroja). Sólo hay, pues, dos estéticas: la estética pasiva de los espejos  y la estética activa de los prismas. Ambas pueden existir juntas. Así, en la actual renovación literaria –especialmente expresionista–  el futurismo, con la exaltacionde la objetividad  cinética de nuestro siglo,  representa la tendencia pasiva, mansa, de sumisión al medio…
Ya cimentadas esas bases, enunciaré las intenciones de mis esfuerzos líricos. Yo busco en ellos la sensación en sí, y no la descripción de las premisas espaciales o temporales que la rodean. Siempre ha sido costumbre de los poetas ejecutar una reversión del proceso emotivo que se había operado en su conciencia; volver de la emoción a la sensación, y de ésta a los que la causaron Yo –y nótese bien que hablo de intentos y no de realizaciones colmadas – anhelo un arte que traduzca la emoción desnuda, depurada de los adicionales datos que la preceden. Un arte que rehuyese lo dérmico, lo metafísico y los últimos planos egocéntricos o mordaces. Para esto –como para toda poesía—hay dos imprescindibles medios: el ritmo y la metáfora. El elemento acústico y el elemento luminoso.
El ritmo: no encarcelado en los pentagramas de la métrica, sino ondulante, suelto, redimido. bruscamente truncado.
La metáfora, esa curva verbal  que traza casi siempre entre dos puntos –espirituales—el camino más breve.

JORGE= LUIS BORGES

Ultra, Año I, Número 11, Madrid, 20 de mayo de 1921.

(Sobrantes de abono… )

Reflexión primera

Poco tiempo le duró el ultraísmo…  Ya lo había despedido en sus primeros libros de poemas; llevan la etiqueta ultraísta por inercia y no por gran familiaridad con los escritos y publicados bajo el efecto anatómico de ese ultra proclamado en 1921. Por más avanzado que un vanguardista esté en la fila, no deja de andar en formación. Es mejor ser, como Breton, el dueño del castillo y establecer derechos de aduana y residencia. ¿Para qué tener anatomía propia si en la trinchera colectiva un cuerpo vale lo mismo que otro? Borges tuvo la habilidad artística y la suerte de poder insertarse en un mundo familiar totalmente excepcional: padres, amigos mayores, contemporáneos, locales y extranjeros, primos, cuñados, hermanos, personas con poder y recursos que admiraban el poder y los recursos de Borges, que no eran pocos, si se decidía a utilizarlos en contra de alguien. Cuarto propio, anatomía propia, inteligencia propia y naipes propios y marcados y una cultura muy superior a la de sus coetáneos y sus sucesores. Conocía, no sólo el presente: ¿alguien más leyó, como Borges, su pasado y presente inmediatos, en todos sus legados: Lugones, Darío, Unamuno, Groussac, Hidalgo, Ascasubi, Lussich, Hernández, Ipuche, Melián Lafinur, Gerchunoff, Silva Valdés, Güiraldes, Macedonio Fernández, Evaristo Carriego, Almafuerte, los de España, los del Plata, los de todas partes?
En lugar de ser un moderno del montón, amparándose en la inocente ignorancia de la cultura del pasado, que, después de todo, si nos guiamos por Baudelaire, es nada menos que la mitad del arte, Borges se ha convertido en precursor de sí mismo y de la vaga indolencia a que responde la palabra  “posmoderno”. Como nadie puede definirse con términos que desconocía en su momento, menos podría avenirse a la adición de una partícula que lo designa como sucesor de lo que fue. Si moderno no se le aplica a Borges, no se le aplica a nadie. Borges es, en cuanto a tradición estrictamente modernista como Joyce.  Y recordemos que un agudo crítico como Edmund Wilson, atribuía la novedad de Joyce al legado simbolista. De modo que uno nunca es lo que va a ser ni lo que fue: habrá que acostumbrarse a ese problema metodológico. Baudelaire sería, también, un precursor de la posmodernidad: nos arrastra de las Academias al presente y seguimos sin poder habitar la Edad Contemporánea. Borges también fue sensible a los valores que la “alta cultura” desprecia: sus relatos han merecido el calificativo de policiales o fantásticos, cuando casi ninguno sigue realmente las normas de esos géneros. ¿Qué hay de fantástico o de policial en Pierre Menard, autor del Quijote? ¿Qué violenta la lógica del género? ¿No saber quién era Menard, ni de qué murió? ¿Cuál es el enigma? ¿En qué reside lo fantástico de esa “necrológica”?  El proyecto de Menard, nos lo ha dicho Borges varias veces, no tiene nada que no haya estado presente en la historia del Corán. El misterio lo guarda ese narrador que se recluye en un cuarto cerrado para inventariar los objetos del muerto, al tiempo que lo evoca para un círculo selecto de amigos, conocidos y rivales.
Borges se explayó lo suficiente sobre el tema de los precursores: Lutero anunciaría el relativismo si ligeramente se elevara a libertad de interpretación la libertad de lectura. ¿Libre para leer en letras de un idioma que comprendo o libre para interpretar y difundir mi libre imaginación con apoyo casi liberado de la letra de esas escrituras que me estaban por completo vedadas y que me llegaban transformadas en sonidos, prescripciones, órdenes y representaciones temibles sobre la relación entre mis acciones y mi futuro al punto de contribuir como consumidor al crecimiento del mercado de futuros que generaban los vendedores de bulas y reliquias? La eternidad, de todos modos, apenas haría mella en la efímera “libertad” de mi existencia finita. La gracia divina ejercía mayores rigores y era pensada como un regalo arbitrario e incierto. Recién ante las puertas de ese juicio sabría uno si pertenecía a los elegidos o a los condenados. Precio alto de la libertad, menos oneroso que el impuesto a los herejes terrenales por los custodios de la correcta vía. Juana, te han santificado. Galileo, finalmente te dieron la razón de manera formal. Ignoro si esos cambios de humor mundanos mueven a las almas en los paraísos eternos, que no existen, según se ha promulgado recientemente. Los personajes de Dante tienen graves problemas de vivienda en estos días.

Reflexión segunda

Otra cuestión que Borges insiste en mostrar pero que los lectores se empeñan en ignorar por eso de hacerlo tan moderno como sea posible, es que el escritor “argentino” se acomoda en domicilio rioplatense y gaúcho. El privilegio que se le ha reconocido a la Banda Oriental, Provincia Cisplatina o República Oriental del Uruguay, que es el de ser sede de la novela nativista es rechazado por quienes podrían ostentar los títulos: prefieren dejar todo mostrenco en aras de ejercer la crítica. Ricardo Rojas no encuentra novelas en América y su búsqueda comienza, lo admite, en el siglo XVI. No sé qué pensaría Miguel de Cervantes Saavedra, que hace figurar en la biblioteca del caballero e ingenioso hidalgo Don Quijote obras de exótica épica extranjerísima ( ¿?¿ ?,?) para él, como La araucana. Y, que, después de todo, publica la primera obra del género en 1605, en manuscrito no identificable y ediciones en las que han puesto su mano unos cuantos después, como ha sucedido con muchos otros “libros”, de los que tanto se ocupa precisamente Borges cuando señala la relación entre traducción y autoría para Las mil y una noches, en la que se incluyen historias y relatos de los propios “traductores”. Ni qué hablar de otros “libros” famosos, que ni siquiera eran libros preexistentes cuando se pusieron por escrito, como la Ilíada y la Odisea, para usar los ejemplos borgeanos. Y eso hará Borges también: tratar de incluirse en la cadena de autores, traductores, socios literarios, amigos y versionistas que nos han alcanzado obras que consideramos como si siempre hubieran sido objetos para anaquel de biblioteca.
Tanto se nos escapa interpretando que olvidamos recordar las tradiciones letradas y políticas locales: Borges insiste en mencionar la hispanidad de Séneca y Lucano. El quién es quién que Gutiérrez se esmera en dejar asentado nos recuerda que el Coronel Francisco Borges nació en Montevideo y que murió luchando del lado de “las fuerzas de la revolución” encabezada por el general  Bartolomé Mitre, en 1874. Tanto a Borges como a Herrera y Reissig (imaginar qué pensaría el precursor Artigas es todavía más inquietante) les resulta extraño decir “uruguayo” en lugar de “oriental”.

Una aclaración se impone: la patria no debe confundirse con la nación, como bien lo sabía Virgilio cuando dio estatuto de héroe romano a Eneas. El pasado está en la patria, allí donde entierra uno a sus muertos: la nación es un futuro posible, no necesario y se funda sobre los lares y penates previamente rescatados en las derrotas y nómades hasta que encuentra un pueblo sitio donde asentarse. Y las letras nacionales están claramente escritas en códigos y constituciones. El problema no es unir sino separar, como se verifica en las rivalidades fronterizas y las guerras por cuestiones limítrofes que enfrentaron o estuvieron a punto de enfrentar a los “hermanos latinoamericanos” (para usar una denominación problemática, como todas las existentes). La ley domicilia: define la persona y la obliga a darse un espacio para ser notificada. El que no tiene domicilio es un vago y carece de los derechos de ciudadanía. La identificación no es derecho sino una imposición: en el pasado se requería pasaporte para circular entre provincias. Es frecuente olvidar los aspectos materiales de las cosas y pasar a las zonas especulativas. Mientras tanto, nada parece tan normal como presentar documentación, votar representantes, etc. etc. mientras se critica la idea del estado nación, cuya existencia, de hecho, no es ni explicativa de fenómenos que exceden su incumbencia ni debiera serlo.

Borges se llamaba también la madre brasileña de Juan Carlos Onetti, nacido en Uruguay y convencido de que la tradición literaria local seguía siendo el vacío: los campos y el ganado cimarrón. Borges y colegas rivalizaron en terrenos no sólo locales, con lo que muchas disputas intensas asordinaban sus ecos y se hacían invisibles al llegar a los arrabales. Quede, para la historia de la infamia, un recuerdo de Borges. La disputa entre Maestros y Apóstoles locales que tuvo como protagonistas a Santos Chocano, Vasconcelos y Lugones y víctima fatal al muy poco recordado Edwin Elmore.

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¿Identidad? ¿Latinoamericana? Una sopa en mi mosca, mozo.

Posted in Historia Universal, Peer Review on septiembre 24th, 2015 by soypielroja

¿Ser, existir o mostrar un documento?

Se impone aclarar un equívoco generalizado para prevenir contra la profusa producción que asedia sin mucho rigor el tópico de la identidad dando por buena la asociación libre sin obligación de justificar corpus que, en princpio, no avalan las deducciones ni las conclusiones del género en cuestión. Por momentos parecería sugerirse que una conciencia pone en duda una identidad que no parece fenomenológicamente en riesgo. Como no se espera tampoco una última palabra ni que se presente la menor evidencia sobre lo que se dice o una justificación del corpus y las citas a las que se recurre para hilvanar afirmaciones que no comprometen conceptos ni identidades y que han decidido prescindir de todo argumento histórico para concentrarse en aplaudir a los que parecen ser más “identitarios”.

Postular una relación acrítica entre lo que se piensa, lo que dice, lo que se hace y la apertura a la estrategia que a veces negamos de plano a todos los actores capacidad de planificar y actuar, como si a diferencia del resto de los humanos, que no están obligados a declarar en su contra, el pasado sólo vendiera marionetas inertes. Y, además, esa figura del malísimo que goza en soledad y celebra su maldad. Inverosímil.

Contra seguras desinteligencias provocadas por ese error de método conviene recordar, del policial, la idea de un móvil. Es escaso en número el batallón de los que combinan acciones muy fuertes con una indiferencia entre estética y quejosa, como la del existencialismo. Todo es absurdo porque hay pereza para dar sentidos o porque lo es. Una mirada a lo real, a todo lo que se pueda asir de la calva aparición de eso, sirve para no creer que son historia las historias que se cuenta uno con briznas irrelevantes de fundamento. Dame una palanca y me expliques lo que no comprendes, antes de haberlo comprendido o sin intentar siquiera comprender. Eso no es relativismo ni ideología sino el estilo y la sustancia genérica que se exige al discurso “referado” por los pares. Dios es el primer evaluador registrado: vio que era bueno. O sea, no se descarta que pudiera haber dudado. Los errores, como siempre, se ocultan a la posteridad si se posee absoluta y divina impunidad, como es el caso pero han quedado abiertos otros mundos posibles. Como en las creaciones genuinas, nadie puede venir a hacer todo de nuevo y en tan gran medida: los cielos, la tierra y lo demás. Si cesuras radicales de la índole se presentan, pues ya pasan a ser religiones otras. Que en lo general, pese a las guerras por el monopolio de la infalible interpretación, han buscado estipular su continuidad y sucesividad. Los libros entre sí postulan preeminencia y por lo tanto una idea de progreso. Quizás es menos enfática la negación de lo nuevo de lo que parece. Que haya o no algo nuevo bajo el sol puede ser un reconocimiento empírico de la energía con la que el sol persiste en su ser, comparada con lo que sucede debajo. Arriba está el gran Medidor, el Patrón, el término y la tasa. Medida de totalidad: lo que va de Oriente a Occidente.

De la gran inflación retórica se puede salir. Requisito muy saludable es dejar de suponer que decir lo bueno es ser bueno. El poder mágico de la palabra no justifica especulaciones que juzgan los instrumentos lógicos. El árbol y el rizoma son, en el infinito, fractales. Hay derecho a suponer que el margen de error de la hormiga no difiere de otros. Las determinaciones sobre lo que se puede pensar no obligan a las de lo que se puede mirar.

Es hora de un combate por la historia

Dicho sea de paso: ¿Alguien que trabaja sobre el tópico de la identidad nacional, americana, hispanoamericana, indoamericana, iberoamericana o sus variantes y versiones ha pensado en la Gran Emigración, en qué identidad tienen los sesenta millones de cuerpos que se embarcaron hacia América huyendo de la pobreza europea? ¿Qué hacer con la identidad de todos los hijos de los emigrantes? Un punto a favor para los escribanos: se conforman con hijo de tal y cual, de estado civil tal y cual, vecino de la localidad tal y cual, nacido en fecha tal y cual y con tan poco acreditamos identidad. Y el mundo anda y si anda mal no es por falta de identidades…

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Sobre la novela “Las tipas” de Cristina Civale

Posted in Esto es todo, amigos, Reproducción sexuada, Un cacho de cultura on septiembre 18th, 2015 by soypielroja

Cristina Civale esgrime en Las tipas una notable definición de la locura: se trataría del acto de esconderse uno mismo en su cabeza. De ese lugar nadie nos puede sacar. Las tipas, estas tipas de Civale, son fieras de la especie que huele a sus congéneres para husmearlas, para gobernarlas, para destruirlas y destruirse mutuamente. Pese a que muchas mujeres están claramente escondidas en sus cabezas y van cantando con brío hacia el matadero, no todas son tipas. Para Gina Lombroso, las mujeres son seres subsidiarios de los hombres. No es el caso de las tipas, que son seres subsidiarios pero de otra especie. Son apéndices, pero apéndices de nadie. Las tipas no tienen relaciones sociales, no tienen amigos ni conocidos, y los servidores habituales —porteros, cajeras de supermercado o mozas— las destratan como si fueran inexistentes, puro humo sin sustancia. Sólo reciben correspondencia impersonal, publicidades y cuentas.

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Las tipas gritan como hienas, montan numeritos de histeria, ataquespour la galerie, de los que se reponen al instante, cuando perciben que la salida pasa por mostrarse serenas y tranquilas. Enardecidas, alteradas, dopadas, luchando por un cuaderno donde han escrito su vida (porque sin ese registro sus vidas carecen de cualquier solidez, de cualquier pasado, presente o futuro), recuerdan el encanallamiento de Roberto Arlt, pero la animalización es todavía más radical. Se podría muy bien trasladar el ambiente descripto por Arlt en su clásico cuento “Las fieras” para adentrarse en el mundo sin ilusiones de unas tipas siempre acorraladas en una jaula. Como fieras, estas tipas se confunden todo el tiempo con toda clase de animales: son tipas vacas, tipas elefantes, tipas hienas, tipas tigresas, tipas ranas y tipas sapos. Son unas tipas animalizadas y feroces, que se escupen en bastardillas gentilezas también de calibre arltiano: callate forra, ya vas a ver conchuda, rajá tipita rajá. Tratan de pasarse la locura y definir ante un tribunal de tipas, sólo ellas, quién es la loca y quién ha vivido esa vida que comparten, una tipa, mil tipas, millones de tipas. Mujeres en un corral sórdido, una jaula como mundo, una continua perdición y decadencia. Sordidez y veleidad, sueños módicos y rechazos módicos, fulanas malqueridas que se entrecruzan en una jaula para locas, en historias inverosímiles de cuadernos supuestamente robados, en contrapuntos de monólogos donde son una y son las dos y son todas las tipas del mundo, todas suicidas y defraudadas.

Nada es hermoso y nada se idealiza para estas pobres tipas.

Las mujeres no imaginan que todo lo que intentan hacer para externarse las hunde más y más en un universo donde la gravedad tiene más fuerza que la que nos une al piso. No se puede salir del corral adonde los hombres nos arrearon desde hace muchos milenios.

En un psiquiátrico transcurren estas tipas que dicen yo y dirimen ese yo que se vuelve una propiedad o un canto coral, que las abarca o las expulsa de esa supuesta identidad. Esta es la secreta marcha de las tipas de Civale.

Qué tristeza de vida. La mía. El laberinto de locas enjauladas cada tanto escupe tipas. Hay que cuidarse de esas turras carroñeras. Hay que leerlas y tratar de no imitarlas. ¿Cómo? Pues bien, no hay respuesta ni en la novela ni en la vida.

 

Cristina Civale, Las tipas, Milena Caserola, 2014, 144 págs.

Publicado en la revista Otra parte en   este  link

http://revistaotraparte.com/semanal/literatura-argentina/las-tipas/

 

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