¿Puede hablar el subalterno?

Algunas indagaciones, propuestas y consideraciones en torno a una extraña interrogación que procede de ámbitos académicos.

El que pregunta no se considera subalterno.

El que pregunta entiende que sí puede hablar: de hecho, al preguntar está hablando.

El que pregunta sugiere que el “subalterno” no habla. Al menos, el que pregunta no lo ha escuchado puesto que, de lo contrario, la pregunta carecería de sentido. El que pregunta no explica quién es el “subalterno”.

Tanto si habla, grita o aúlla, ese “subalterno” no está siendo oído por quien pregunta acerca de las posibilidades del “subalterno” de hablar. Ergo, el que pregunta lo hace retóricamente puesto que no hace oídos al “subalterno” sino a su propia pregunta y, eventualmente, a su respuesta.

El que pregunta ha dado un nombre extravagante y peyorativo a quien llama “subalterno”. Es posible que el “subalterno” no se reconozca bautizado con esa denominación.  Cuando Robinson Crusoe establece “te llamaré Viernes” para llamar a Viernes, ignoramos qué decisión adopta el llamado Viernes sobre cómo llamar a Crusoe. A lo mejor lo llama “idiota” pero no lo sabremos.

Proposiciones:

1. Un sano silencio permitirá a quien habla dejar de oír su propia voz y, eventualmente, averiguar quién habla.

2. Un sano silencio incrementa la reflexión y puede que considere absurdas algunas preguntas.

Qué dice la historia:

1. Las mujeres no tenían permiso para hablar. Al contrario, el silencio era la terapia que durante casi dos mil años les fue prescripta.

2. La prohibición de hablar se extendió a muchas otras: cantar, actuar en el teatro, votar, administrar sus bienes.

3. Siempre se prohíbe hacer lo que se puede hacer. Exceptuando las ficciones de Kafka, donde la desproporción de la ley es constitutiva de su crítica, en el mundo real los legisladores tienden a ahorrar energía y tiempo evitando prohibir prácticas que imaginan irrealizables: por el momento no está prohibido ir en bicicleta a la Luna y nadie lo ha intentado.

4. Se deduce de lo anterior que matar y robar son actos en extremo frecuentes entre los seres humanos.

5. No está claro que exista una prohibición universal contra el incesto. El debate sobre si esa inexistente prohibición es cultural o biológica pasa por alto el hecho de que dicha prohibición no se encuentre formulada. En cambio, las prácticas de incesto están ampliamente documentadas. Es extraño deducir que Edipo Rey revela que en todo hombre existe la fantasía de matar al padre y casarse con la madre. Aristóteles menciona que si uno mata a su padre ignorando la filiación, no hay dolo. En Edipo Rey queda perfectamente establecido que un padre sí puede desear y hacer cumplir su deseo de matar a su hijo, sin ignorar la filiación entre ambos. Layo decide matar a Edipo. Comete el error de encomendar la tarea a un tercero imbuido de compasión humana que incumplirá la orden. Tercerizar no siempre da buenos resultados.

El “subalterno” nunca está solo y con ese nombre nunca hablará o nunca será escuchado. ¿Yo puedo hablar? Si yo puedo hablar, haciendo uso del pronombre que está disponible para todos, todos pueden hablar. La pregunta es:  Quien se excluye del conjunto del “subalterno” y hace del subalterno una suerte de individuo inverosím revela que sólo se interesa en preguntar y responder su pregunta de manera retórica. ¿Yo puedo hablar? Tal vez sea la gran pregunta. Me llamarás subalterna. Yo te llamaré con nombres secretos.

 

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