¿Periferia o fraude?

Antes de entregar una colaboración en un libro, por el que no ganaré ningún dinero y del que, en el mejor de los casos, mi participación me hará acreedora a un ejemplar, me comprometo por contrato a ser la autora original del trabajo que, además, debe ser inédito. Curiosamente y sin mérito que lo justifique, las revistas con referato, han sacado patente cienciométrica como portadoras de una “calidad” que nadie ha constatado fehacientemente. Se podría alegar, en contrario, que sí se ha podido corroborar el descuido, la irresponsable publicación de cualquier monstruo engendrado por la razón o el hurto malicioso de lo ajeno, sin importar si el material ya ha recorrido otras tipografías supuestamente tan exigentes, si es original, si además de original es relevante y si constituye algún aporte al conocimiento.

Hoy por hoy, cualquier universidad, facultad, unidad académica o asociación –lícita o ilícita– tiene el poder de gestionar un ISSN  e “indexar” algún parto de la malicia o la inteligencia. En ese consorcio donde lo principal es instaurar una cadena de favores para que no siempre el director de una revista publique en ella, lo que de todos modos es ya consuetudo que la elemental garantía de honestidad intelectual y moral debería prohibir, y entre directores y autoridades de unas y directores y autoridades de otras tenga lugar un ininterrumpido proliferar de colaboraciones. ¿No es curioso que el evaluador de una cometa idénticos errores que el evaluador de otra? ¿Que se reiteren incluso los errores ortográficos y sintácticos, en simultáneo con los horrores intelectivos? Es difícil que existan dos o más personas en este mundo tan casualmente inclinadas a pasar por alto groserías idénticas cuando su misión es impedir que mancillen las páginas de una publicación con pretensiones académicas. La conclusión es que nadie ha evaluado nada. El principio constitucional de presuposición de inocencia puede ser útil para confiar en que el autor del engendro, profesional regido por un código de ética y un respeto por su disciplina que se presume, más que la inocencia, sagrado, hace agua en el mar menos pensado. Estamos frente a la mala fe, a la deliberada reiteración de refritos propios con el único propósito de mantener actualizado el curriculum.

Que ese contraventor de la ciencia y la verdad se constituya en anfitrión de un encuentro internacionalísimo destinado a debatir en más de una decena de ponencias, las relaciones entre ciencia central y ciencia periférica, haciéndose olímpicamente el oso sobre la relación entre el fraude y la condición periférica a la que condena cualquier producción que su mera presencia degrada es ya el colmo de la tragedia nativa.

Algo falla en el contralor de quienes ponen a su alcance los recursos para estafar a sus pares y a la sociedad. ¿Con qué criterio CONICET autoriza el giro de recursos a un director de proyectos que solicita fondos para publicar un libro con resultados de investigaciones si, los libros no sirven para nada ante el valor de las publiaciones en revistas con referato y si, como es el caso, los resultados del trabajo del que solicita el dinero, ya han sido publicados con antelación al libro donde supuestamente piensa publicarlos?

¿Qué hace mientras tanto con los resultados de los otros integrantes, que sí entregan inéditos originales? ¿Distribuírlos para uso de conocidos, amigos, entenados? Sí. ¿Utilizarlos para sus propios fines? Sí. ¿Ignorarlos cuando menciona la inexistencia de trabajos sobre un cierto tema sobre el que, extrañamente, versan los que le han sido remitidos de buena fe por integrantes del proyecto que dirige?

El reglamento que establece los criterios por los que se otorgan subsidios menciona que valoran la “actividad intelectual original” pero no queda claro si existe, además de la mera rendición de cuentas, alguna instancia donde se evalúe el “libro” publicado con los fondos públicos: si ha habido actividad intelectual original, si se ha respetado la autoría de los miembros del equipo de investigación, entre otros detalles. ¿Si, como es el caso, el director del proyecto ha utilizado los fondos para hacer imprimir un libro, en el que publica un refrito muy anterior a la solicitud del subsidio, NO ESTÁ VIOLANDO NORMAS ELEMENTALES DE LA ACTIVIDAD INTELECTUAL Y MORAL? ¿Además de rendir cuentas “contables”, no se presume que deberá ser objeto de evaluación cuidadosa no sólo el uso de los fondos sino la pertinencia, calidad, responsabilidad, originalidad, del producto para el que fueron solicitados?

¿Qué sentido tiene elucidar qué periferia del espacio tiempo habita nuestra ciencia local si no se reflexiona primero y se obliga a hacerlo a quienes por propia decisión se colocan al margen de la ley? Más triste es tener que consignar que estos enjuagues, que podrían explicar, aunque no justificar, robos y espionajes entre laboratorios que custodian conocimientos “preñados” de promesas de ganancias económicas, provienen del área de las humanidades y de “doctores” que apenas saben escribir una oración correcta. Pensar, pensar, pensar… no: de eso nada. En próxima entrega se revelará a qué llaman estos sujetos “pensamiento”.

Mientras tanto: Insisto; lo digo a título personalísimo. Señores del CONICET; presten debida atención a los siguientes subsidios otorgados:

1) PIP 5954: “Redes culturales latinoamericanas. Formación y funciones  durante la modernidad (1900-1930 y la utopía revolucionaria (1960-1980)”. Director: Claudio Maíz.

2)  PIP 11220080101336: “Estudio histórico de las redes intelectuales-literarias en América Latina. Secuencias, contactos, configuraciones, religaciones transnacionales y el impacto en la producción letrada”. Director: Claudio Maíz.

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