Manadas argentinas 1978

Seguramente nadie estuvo en el estadio, nadie festejó, nadie vio los partidos, nadie compró televisores a color, nadie alentó a la Selección Nacional. Es posible que la primera fobia humana sea la zoofobia; es natural. Todos debemos temer el animal que hay en nosotros más que ninguna otra cosa. La segunda fobia es la de ser separado de la manada y convertirse entonces en “tabú” o “sagrado”. Sin la atención de los otros, no hace falta matar al “sagrado”. Morirá de hambre, de frío, de miedo o de soledad. Y morirá ante todos porque el pacto lo exige. Igual que en la comida totémica, nadie es responsable de haber matado al animal que todos comen y todos son responsables.

“El que no salta es un holandés”. El que salta, en cambio, es un argentino, un patriota, un alto defensor de los ideales derechos y humanos. A saltar mi amor. A saltar, argentinos. Pero no era obligatorio integrarse a esa manada. No era peligroso faltar. No era un “deber cívico” cuyo incumplimiento resultara un acto de valentía o resistencia civil. Por eso, es preciso no olvidar la dimensión de ese consentimiento.

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