“Claudio Maíz: exceso o deficiencia de imaginación (o de referato)” NO PUBLICABLE

Posted in Peer Review on marzo 9th, 2016 by soypielroja

Sobre Claudio Maíz, “Teoría y práctica de la ‘patria intelectual'”: la comunidad transatlántica en la conjunción de cartas, revistas y viajes”.

En Claudia Wasserman y Eduardo Devés-Valdés,  Pensamento latino-americano. Além das fronteiras nacionais, URGSS editora, 2010, también en Revista Anos 90, Porto Alegre, volume 16, Número 29, julio 2009 y también en Revista Literatura y lingüística Nro 19 y tal vez también en otra parte…

por Maud N. Mc’Gill (PhD. Dresden University)

A confesión de parte relevo de pruebas, dicen abogados y en este caso el “paper” (?) vino con comentarios autorales que comparto: “falta la última puntada” y “todavía no me conforma”. Publicado no obstante y más de una vez corresponde dar por terminada la espera razonable de la puntada final faltante. Se abre el referato espontáneo con la pregunta “¿qué cobrás, referee?” mientras gritan muchos otros “es orsaí”, “es orsaí”.  Será nomás: de balon-pie no entiendo nada; transcribo aquí lo que se oye en el estadio.  Intenté excusarme de evaluar el “paper” (?)

Recomendación: No publicable.

Fundamentación:  Comienzo por lo más difícil, el comienzo. Espero que, como de costumbre, el espíritu de cooperación que anima a los lectores ayude a desentrañar el significado de este acelerado entimema que copio textualmente de las versiones recibida e impresas, dejando asentadas dudas sobre posible (pero imposible, lo estoy viendo más de una vez y sic sic sic) errata.

Cito el comienzo:   “Cuál es la incidencia que tienen las redes sobre la configuración de las comunidades imaginadas por los intelectuales. La pregunta es compleja puesto que envuelve otro problema, esto es, el magro intento de vincular las redes con la configuración de las comunidades imaginadas. Ahí habría una primera falencia que es preciso subsanar. Entre otras razones, porque mediante el entrecruzamiento de ambas dimensiones se obtienen, a nuestro juicio, novedosos frutos. El pensamiento relacional permite algunas revelaciones que, desde otras perspectivas, parecen poco satisfactorias.

Indagación: A ver si comprendemos. “Pregunta compleja”, “magro intento”, “vincular”.  Continuemos elucidando los términos:

la (A): incidencia que tienen

las (B): redes,

sobre la (C):  configuración

de las  ¿(D): comunidades?

o ¿(D y E): comunidades imaginadas –todo junto–

por los (F): los intelectuales.

Mmmmmmmmm. Ok. La era está pariendo una idea en indirecto libre. Un diálogo encriptado entre Sócrates y un interlocutor de cuyo nombre parecen no querer acordarse. Hay una falencia que hay que subsanar ¿dónde? ¿Por qué el intento es magro?

¿El autor escribe bajo amenaza y bajo protesta? ¿Cómo se definen los sustantivos que van de A a F? Y ¿dónde está X? ¿Cuál es la incógnita?

No puedo resolverlo. En cambio puedo entender con excelente voluntad que un poco después me aclaren D/E, en efecto, bien vislumbrado “comunidades imaginadas”, dado que luego, cito, dice: “La configuración de una comunidad imaginada alcanza dimensiones limitadas cuando se trata del paradigma nacional, en la línea de Benedict Anderson“. Benedict Anderson, ah… No figura en la bibliografía pero por suerte conozco su libro Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, publicado en 1983 y revisado en la segunda edición de 1991 (versión castellana, México, Fondo de Cultura Económica) donde corrige algunos conceptos de la primera y que tiene como objeto definir operativamente el concepto de “nación” desde una perspectiva antropológica (del tipo “parentesco” o “religión”) antes que una política (del tipo “liberalismo” o “fascismo”).  La definición sería entonces: nación es una comunidad políticamente imaginada como inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque los miembros de la nación no conocen a la mayoría de sus compatriotas aunque en todos ellos existe una “representación” de su comunión. O sea, somos franceses, o somos argentinos, por ejemplo, aunque si soy de Santiago del Estero puede que nunca conozca a mi compatriota de La Pampa. O si soy de Marsella puede que nunca conozca a un bretón. O si soy catalán puede que nunca conozca a un vasco y sin embargo sepa que soy español. Y sin embargo sé dónde están las fronteras más allá de las cuales un alemán no es francés ni español.  Cuando juega la Copa del Mundo “nuestra” gloriosa selección de balon-pie todos festejamos cuando los de la camiseta tal hacen un gol. O todos nos entristecemos cuando nos hacen un gol y “nos” ponemos O-1. Claro, por una cuestión de tamaño de la naturaleza y finitud humana, “todas las comunidades mayores que las aldeas de contacto directo son imaginadas” (Anderson, p. 24). Las comunidades nacionales, me explica Anderson, a quien no veo alinearse con otro como para decir en qué línea debo pensar a Anderson o a los demás, me sugiere distinguir las comunidades  “por el estilo en que son imaginadas”. La abstracción “sociedad”, dice Anderson, puede que no sea obvia como tal vez no era obvia la de “aristocracia” o la de “monarca absoluto por derecho divino” o “régimen feudal” o “lacaniano-freudiano” o “socialismo real” o “ex marido” mientras todavía no se procesan esos conceptos en su desarrollo histórico para quienes sin embargo son los siervos de la gleba o los señores feudales o las ex esposas o los miembros de las asociaciones psicoanalíticas antes de acuñarse los conceptos o términos. La comunidad es limitada y no limitada porque de lo contrario no tendría nada en común entre sus miembros y nada que hiciera de los no miembros eventuales enemigos o vecinos o cualquier clase de otros no pertenecientes a nuestra comunidad. Se imagina soberana porque asume que desea ejercer su derecho a la autodeterminación si no le es dado: en ese sentido sería razonable afirmar que nación y Estado son categorías contemporáneas. “Nación, pueblos, lenguas” es el modo en que en el antiguo Testamento se convoca a todo el mundo a escuchar un mensaje. Equivale a vengan todos, agrupados según vuestras categorías vigentes cuando los llamo. Y, finalmente, la comunidad se imagina como comunidad y esto es lo central, porque pese a que en su interior los miembros se exploten unos a otros y reine entre ellos la más cruel desigualdad o la más salvaje indiferencia, se “aman” entre sí más de lo que aman a los extraños y, pese a todo, son en ese nosotros que imaginan, son iguales. El “pro patria mori” es un efecto de ese estilo de imaginación de conjunto. O sea que nuestro ejército es nuestro y podemos decir de otros que no están formados por miembros de una comunidad, por ejemplo, que son un ejército de mercenarios. Es decir que los soldados luchan a cambio de un pago. No luchan por amor a la patria. En definitiva: la comunidad imaginada, que simplemente vuelve operativo el concepto de nación que desarrollará Benedict Anderson y que no es el centro de su reflexión, como la manzana de Newton no lo era de la teoría de la gravedad, no puede ser pensada en una dimensión superior ni forma parte de diversos paradigmas, del cual uno sería el nacionalista y otro lo ignoro. Si fuera el internacionalista Anderson no se habría molestado tanto y lo llamaría clase o Estado o tories y whigs o vaya uno a saber. El modelo monárquico dinástico que precede al surgimiento de las naciones “modernas” impedía que uno fuera particularmente nacionalista si los mapas móviles y precarios definidos por las alianzas dinásticas entre casas reales de diversas familias, procedencias, creencias, rivalidades o amistades podía durar lo que duraban esas alianzas. Después de todo, Guillermo el Conquistador de Inglaterra (una entidad que no existía anteriormente) era normando y Napoleón, héroe de Francia, era corso. Y yendo para atrás, los españoles Séneca y Marcial habían llegado a Roma desde Hispania y sus antepasados habían combatido ferozmente y perdido contra los romanos en esa incansable usina transculturadora que llamamos historia. Y así comemos papa y tomate y tomamos café y en América hay vacas, caballos, gauchos y héroes y militares a montones y a montoneras y hasta malones y  cows boys y muchas veces parece que todo integra la “tradición” originaria porque se festejan las tradiciones de a caballo como si Colón y no los habitantes de las Indias Orientales (luego americanos) hubieran sido los centauros armados y no a la inversa. De modo que las preguntas que el autor del artículo se formulan a continuación ya tienen respuesta si es que pretendo utilizar la noción de “comunidad imaginada”, válida en este esquema sólo para el concepto de nación. Si, para trazar una analogía, me interesa la mermelada puedo discurrir sobre peras, pomelos y manzanas pero si me interesa la gravedad puedo prescindir de hacer distinciones entre frutas. Pensar el heliocentrismo en la línea de Ptolomeo no me será útil ni a corto ni a largo ni a mediano plazo.

El autor se formula las siguiente preguntas, que cito, que creo están respondidas en la explicación que acabo de proporcionar y que demuestran que dichas preguntas están mal formuladas o no son preguntas congruentes.

“¿La imaginación de una comunidad constituye un hecho aislado, individual, propio, o bien se forja en la intercomunicación con otros sujetos? La respuesta puede parecer obvia, sin embargo a poco de andar descubrimos que, pese a considerarse comunitaria, no hay análisis de la manera como la imaginación trabaja, en qué ámbitos se realiza y de qué medios se vale para tales fines y cuáles son los resultados. La configuración de una comunidad imaginada alcanza dimensiones limitadas cuando se trata del paradigma nacional, en la línea de Benedict Anderson, aunque también puede pensarse la comunidad imaginada en una dimensión superior, como la que presentan las elites intelectuales. ¿El sentido de pertenencia es siempre el mismo o varía de acuerdo a las redes y las condiciones en las que éstas se originan? Las redes intelectuales del siglo XIX, si se toma en cuenta la fuerte impronta política que anima a algunas de ellas, como por ejemplo la de los “proscriptos” durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas en la Argentina, no parecen demasiado similares a las de comienzos del siglo XX, en momentos de la autonomía del arte, la especialización de la política y un intenso cosmopolitismo. Con todo, el principal punto común que poseen es haber trabajado por fuera de las fronteras nacionales”.

Sugiero se consulten los intentos fallidos por realizar un Congreso de Intelectuales Libres Hispanoamericanos y las polémicas suscitadas entonces, entre 1923 y 1925, aproximadamente. La muerte del principal promotor de la iniciativa, el peruano Edwin Elmer, asesinado por el intelectual José Santos Chocano en una pelea antecedida por una agria polémica que involucró también a José Vasconcelos y Leopoldo Lugones es clara ilustración de las discusiones sobre la cuestión “hispanoamericana”.

José Gervasio Artigas pensó “más allá” del Estado Nación. Lo hicieron muchos otros, como por ejemplo, todos aquellos que construyeron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, claro ejemplo de cómo los Estados no siempre son estados nacionales. La documentación sobre la historia de Yugoslavia, la entera historia de lo que alguna vez fue Yugoslavia  y ya no lo es más es ilustrativa de las muchas respuestas que pueden darse a la cuestión.  La americanidad de muchos americanos a comienzos del siglo XIX es menos patriótica que producto de la unión de factores contingentes y necesarios. Es complejo afirmar que Rubén Darío es nicaragüense cuando, básicamente, era más bien americano o, para los españoles, “indio divino”, incluso. La Argentina, si se estudia el caso, presenta algunos rasgos excepcionales en cuanto a la afirmación de su particularismo. La polémica en torno al meridiano intelectual de Madrid, de 1927, revela lo que está en juego y quiénes son principalmente los polemistas.  Es gracioso considerar también que para Ramón del Valle-Inclán, España ni siquiera forma parte de Europa (así lo afirma en 1926).

Estos errores de apreciación o productos del desconocimiento del tema que trata se comprenden todavía mejor en la siguiente afirmación. Cito: “Nuestra hipótesis de trabajo, en tal sentido, consiste en plantear que entre 1898-1920 aproximadamente se constituye una comunidad imaginada más allá de las fronteras nacionales de Hispanoamérica y más allá aun del obstáculo geográfico que representa el Océano Atlántico. Afirmamos que se trata de la primera comunidad imaginada intraamericana y trasatlántica con un fuerte anclaje en la lengua como nexo de unión y entendimiento. Este espacio ideal no está regimentado por una idea de unión continental hispanoamericana, cuyo origen se remonta a los tiempos de los libertadores (Simón Bolívar, el más destacado), y de los intelectuales republicanos (Andrés Bello, Simón Rodríguez), ni tampoco por un hispanismo hegemónico (con sentido regenerativo de una ideología monárquica y católica, como lo llegó a ser durante la era del franquismo). Tampoco se trata de acuerdos interestatales o acciones llevadas a cabo por actores de ese sector (económicos, diplomáticos, financieros, etc.), ni de clases, algo así  como una internacional hispana de obreros, campesinos o artesanos. Esta primera comunidad intelectual imaginada no fue sencillamente el resultado espontáneo de un conjunto de voluntades, sino la consecuencia de una labor precisa, como podrá observarse más adelante.”

Continúo: de modo que, puesto que la “comunidad” de la que habla no se construye sobre la base de la imaginación, no correspondería el uso de la categoría “comunidad imaginada”. Tampoco el de nación, que es la razón por la cual Anderson precisa crear esa noción.  De hecho, este error conceptual y categorial vuelve a hacerse visible en la siguiente afirmación del autor:

“Para hacer posible una comunidad intelectual de intereses y perspectivas comunes, de origen español e hispanoamericano, se contaba para la época con escasos recursos, si lo vemos desde nuestra propia contemporaneidad. Apenas la carta, los periódicos, las revistas y los libros. Medios que además presentaban enormes dificultades de circulación y distribución. A eso se debía sumar las distancias transatlánticas y también intracontinentales en Hispanoamérica, que dificultaban los viajes a punto de hacerlo una actividad excepcional. No obstante lo cual, los viajes existieron y contribuyeron al ensanchamiento imaginario. La comunidad, con todo, se hace realidad, gracias al uso intensivo de estos únicos recursos que tenía a mano.”

Como se ve, nada más alejado del concepto de “comunidad imaginada.”-

Sobre la base de esta incongruencia no es posible sugerir la reescritura del “paper” dado que es irreescribible.  Es que 2 más 2 es 4 y sigue siendo el estado de la cuestión. Si se alega que la suma debería dar 6 hace falta una metodología que lo demuestre.  Si, en cambio, lo que el autor busca es multiplicar y no sumar, se recomienda averiguar en qué consiste la operación y cómo son sus protocolos y métodos.

Sugerimos que los autores estudiados sean consultados en sus obras originales y no en antologías o compilaciones o reseñas de segunda o tercerísima mano.  Sugerimos que se incluyan en la bibliografía otros autores mencionados, como Benedict Anderson, por ejemplo. Las ausencias de las fuentes dificultan muchísimo las evaluaciones solicitadas. Se comprende que el colaborador rinda tributo a la obra de quien figura como uno de los “organizadores” del volumen en el que se incluye este “paper”. Sin embargo, no parece que Eduardo Devés-Valdés haya realizado aportes sustanciales (más bien es un gran autor de listados de nombres de autores y obras) con poca elaboración conceptual) y tal vez sea esa una causa de las deficiencias detectadas en varias colaboraciones incluidas en el volumen.

Resulta preocupante que el autor de este trabajo tan endeble dirija una revista académica indexada (Cuadernos del Cilha, UNCUYO).  La Argentina está condenándose a producir pensamiento y ciencia periféricas por su propia voluntad y desidia.

También hay críticas interesantes al concepto de comunidad imaginada en lo que concierne al tipo de comunidades indígenes que también fueron decisivas en la construcción de naciones en América del Sur, modelo sobre el cual se basa Anderson para la construcción de sus hipótesis sobre naciones y nacionalismos.  Véase el video sobre la Revolución mexicana a continuación:

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Ciencia periférica y enfermedades olvidadas

Posted in Esto es todo, amigos, Peer Review on octubre 16th, 2015 by soypielroja

¿Juramento hipocrático, declaración de Ginebra, amnesia moral, genocidio consentido?

Hace años que recibo casi a diario buenas noticias sobre innovaciones drásticas que pondrán fin al Chagas, la principal enfermedad endémica de la Argentina, donde se estima que hay dos millones de infectados: los nuevos hallazgos me invitan a imaginar pronto  pesticidas, trampas, nuevas drogas. Para los científicos, el Chagas es apasionante, un mundo de desafíos mentales, la fuente de recursos humanos y económicos que permite descubrir, por ejemplo,  un transportador de arginina en el Trypanosoma cruzi. “La arginina es una sustancia que el Trypanosoma cruzi extrae del organismo que parasita,  persona o animal,  para utilizarla como fuente de energía.  Mi correo electrónico anuncia con trompetas de alegría cada nueva información que pide albricias por los datos promisorios que los investigadores entregan a la sociedad toda: yo también espero que venzamos el desafío de encontrar un bloqueante para el transportador que, como un cerrojo en una puerta, impediría el paso de la arginina dejando al parásito sin energía y provocándole la muerte. También me intriga la naturaleza original de ese transportador singular del parásito, que no presenta similitudes con las moléculas de las células humanas razón por la que el futuro bloqueante  o cerrojo que detendrá al transportador no afectará negativamente nuestras células.

No hace mucho me alegró otra excelente noticia, de este año 2011: investigadores europeos descubrieron compuestos desconocidos hasta ahora que pueden ayudar a combatir el mal de Chagas evitando la toxicidad de los actuales fármacos y la resistencia con la que el parásito vence al fármaco. Espero que pronto los compuestos no folatos inhiban la actividad patógena del Tripanozoma.

La información que me ilustra sobre los vericuetos del mal de Chagas me explica que se trata de una enfermedad de la pobreza, que afecta a las poblaciones rurales y semirurales que habitan las tierras más cálidas de América Latina, desde México hasta Argentina. Que la infección se expande por nuestra región, donde las chinches o vinchucas entran a las viviendas más humildes, construidas con adobe, paja y otros materiales artesanales, por grietas y techos.  Que al picar a los seres humanos, estos insectos que se alimentan de sangre introducen en sus heces fecales el parásito Trypanosoma cruzi, que entra al torrente sanguíneo de las personas para quedarse ahí por años, hasta causar daño cardíaco y, muchas veces, la muerte. En la escuela primaria me enseñaban lo mismo. Si mal no recuerdo hasta me enseñaron a dibujar vinchucas y en algún cuaderno, con esmerada letra de colegiala, la maestra suscribió con un “Sobresaliente” una prolija y esmerada ilustración gráfica del ciclo completo de la enfermedad.

Sin embargo, es difícil hacerse esperanzas.  En “Las muertes evitables del mal de Chagas” (Mariana Carbajal, diario  Página/12 , del 12 de mayo de 2009)  Héctor Freilij, director del Programa Nacional de Chagas afirma que  no se realizan acciones para detectar la enfermedad en chicos. Que hay pobladores que no saben que el bicho, que habita fundamentalmente en sus ranchos de adobe y techo de paja, transmite una enfermedad. Que las condiciones de la vivienda son otro factor importante para combatir el Chagas. Que en Texas y Arizona hay vinchucas, pero como no pueden instalarse dentro de las viviendas porque son de buena calidad, no hay Chagas en humanos.

En el año 2009, se realizó un congreso conmemorativo del  Centenario del Descubrimiento de la Enfermedad de Chagas. El balance del doctor João Carlos Pinto Dias, de la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil no era entusiasta: en cien años hubo logros, sí. Muchos más científicos se consagran al tema; se controlan mejor los  bancos de sangre para evitar el contagio a través de transfusiones. Pero es descorazonador enterarse de lo que queda por hacer. Más descorazonador es que el médico mismo diga que para combatir la enfermedad de Chagas debemos darle visibilidad. Yo me ocupo de eso, Doctor. Lo que espero de usted es que la cure. Que diga que para combatirla hay que curarla, que la cure.

Así, pienso, es la ciencia periférica, no la de la periferia en la que trabajaron Carlos Monge Medrano, Bernardo Houssay o Jorge Luis Borges, sin pensar si vivían en los centros o en las periferias. Haciendo lo que debían o creían que debían hacer.

Se llamará “periférica” una ciencia (que no tolera ser llamada ciencia) la que tolera incorporar el concepto de “enfermedades olvidadas” para, referirse. por ejemplo, el mal de Chagas. ¿Olvidadas por quién? ¿Qué lenguaje admite ese adjetivo? Sólo la ciencia periférica puede olvidar o llamar olvidada una enfermedad que mata diez personas por día, que hace más de cien años fue descripta y explicada, sin las nuevas herramientas, técnicas y conocimientos que las ciencias centrales y periféricas comparten actualmente, por el médico brasileño Carlos Chagas. Ese científico nada periférico produjo en la periferia un trabajo único en la historia de la medicina, puesto que fue el único investigador hasta ahora en describir completamente una nueva enfermedad infecciosa: su patógeno, su vector (miembros de la familia Triatominae), su hospedador, sus manifestaciones clínicas y su epidemiología.

No sé qué pensarán los enfermos de Chagas.  Ignoro qué recuerdan y qué olvidan. Me pregunto: ¿Quién olvida una enfermedad? No las que la padecen, aunque muchos ignoran que están enfermos y mueren súbitamente sin saberlo.  Tampoco la olvidan ni la vinchuca ni el parásito.

La noticia más reciente da ganas de llorar o de convocar ciudadanos para ir a fumigar y levantar paredes. 600 científicos se han reunido hace días. Su tema de discusión:  las  enfermedades olvidadas. Aceptar esa denominación es  capitulación periférica y una falta al juramento que ameritaría destitución e inhabilitación de quienes recibiern títulos habilitantes para los cuales se requirió el juramento hipocrático. Que Dios, la Patria, los Santos Evangelios o lo que fuere, os lo demanden.

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¿Identidad? ¿Latinoamericana? Una sopa en mi mosca, mozo.

Posted in Historia Universal, Peer Review on septiembre 24th, 2015 by soypielroja

¿Ser, existir o mostrar un documento?

Se impone aclarar un equívoco generalizado para prevenir contra la profusa producción que asedia sin mucho rigor el tópico de la identidad dando por buena la asociación libre sin obligación de justificar corpus que, en princpio, no avalan las deducciones ni las conclusiones del género en cuestión. Por momentos parecería sugerirse que una conciencia pone en duda una identidad que no parece fenomenológicamente en riesgo. Como no se espera tampoco una última palabra ni que se presente la menor evidencia sobre lo que se dice o una justificación del corpus y las citas a las que se recurre para hilvanar afirmaciones que no comprometen conceptos ni identidades y que han decidido prescindir de todo argumento histórico para concentrarse en aplaudir a los que parecen ser más “identitarios”.

Postular una relación acrítica entre lo que se piensa, lo que dice, lo que se hace y la apertura a la estrategia que a veces negamos de plano a todos los actores capacidad de planificar y actuar, como si a diferencia del resto de los humanos, que no están obligados a declarar en su contra, el pasado sólo vendiera marionetas inertes. Y, además, esa figura del malísimo que goza en soledad y celebra su maldad. Inverosímil.

Contra seguras desinteligencias provocadas por ese error de método conviene recordar, del policial, la idea de un móvil. Es escaso en número el batallón de los que combinan acciones muy fuertes con una indiferencia entre estética y quejosa, como la del existencialismo. Todo es absurdo porque hay pereza para dar sentidos o porque lo es. Una mirada a lo real, a todo lo que se pueda asir de la calva aparición de eso, sirve para no creer que son historia las historias que se cuenta uno con briznas irrelevantes de fundamento. Dame una palanca y me expliques lo que no comprendes, antes de haberlo comprendido o sin intentar siquiera comprender. Eso no es relativismo ni ideología sino el estilo y la sustancia genérica que se exige al discurso “referado” por los pares. Dios es el primer evaluador registrado: vio que era bueno. O sea, no se descarta que pudiera haber dudado. Los errores, como siempre, se ocultan a la posteridad si se posee absoluta y divina impunidad, como es el caso pero han quedado abiertos otros mundos posibles. Como en las creaciones genuinas, nadie puede venir a hacer todo de nuevo y en tan gran medida: los cielos, la tierra y lo demás. Si cesuras radicales de la índole se presentan, pues ya pasan a ser religiones otras. Que en lo general, pese a las guerras por el monopolio de la infalible interpretación, han buscado estipular su continuidad y sucesividad. Los libros entre sí postulan preeminencia y por lo tanto una idea de progreso. Quizás es menos enfática la negación de lo nuevo de lo que parece. Que haya o no algo nuevo bajo el sol puede ser un reconocimiento empírico de la energía con la que el sol persiste en su ser, comparada con lo que sucede debajo. Arriba está el gran Medidor, el Patrón, el término y la tasa. Medida de totalidad: lo que va de Oriente a Occidente.

De la gran inflación retórica se puede salir. Requisito muy saludable es dejar de suponer que decir lo bueno es ser bueno. El poder mágico de la palabra no justifica especulaciones que juzgan los instrumentos lógicos. El árbol y el rizoma son, en el infinito, fractales. Hay derecho a suponer que el margen de error de la hormiga no difiere de otros. Las determinaciones sobre lo que se puede pensar no obligan a las de lo que se puede mirar.

Es hora de un combate por la historia

Dicho sea de paso: ¿Alguien que trabaja sobre el tópico de la identidad nacional, americana, hispanoamericana, indoamericana, iberoamericana o sus variantes y versiones ha pensado en la Gran Emigración, en qué identidad tienen los sesenta millones de cuerpos que se embarcaron hacia América huyendo de la pobreza europea? ¿Qué hacer con la identidad de todos los hijos de los emigrantes? Un punto a favor para los escribanos: se conforman con hijo de tal y cual, de estado civil tal y cual, vecino de la localidad tal y cual, nacido en fecha tal y cual y con tan poco acreditamos identidad. Y el mundo anda y si anda mal no es por falta de identidades…

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Julio Cortázar sobre el “boom” latinoamericano

Posted in Peer Review on agosto 8th, 2015 by soypielroja

Ya están en la puerta llevándose gran parte de mis pertenencias, cuando Calac me larga una mirada al bies y me pregunta:
__ ¿Y cómo anda el boom, maestro?
__ Mejor que nunca—le digo satisfecho de que al fin me hagan una de las grandes preguntas del día—Nos hemos organizado de la manera más perfecta, partiendo del principio general de llevar a la práctica las fábulas que a lo largo de estos años urdieron esos intelectuales que tanto se preocupan del porvenir de los demás. Esto no lo publiquen: nos reunimos cada tres meses en hoteles de superlujo, eligiendo cada vez una ciudad diferente en la que podamos organizar nuestras orgías sin llamar la atención. García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa, Asturias, Carpentier y yo (generosamente aceptamos de cuando en cuando a dos o tres más, cuyos nombres me callo para no herir a otros postulantes) discutimos la situación con nuestro gerente general, que nos fue recomendado por Lucky Luciano, himself y que tiene certificados de Onassis y de Spiro Agnew. Nuestras acciones están dando dividendos satisfactorios; Feisal nos consulta para lo del petróleo, hemos comprado tierras y propiedades en todas partes, y de cuando en cuando donamos algún premio o algunos derechos de autor por aquello del qué dirán. Yo he agregado otros cinco pisos y dos ascensores a mi suntuosa residencia de verano en Saignon que, como se sabe, no es más que una manera de disimular que de allí estoy a un paso de mi yate en Marsella, que me lleva hasta el castillo que tengo en el sur de Italia y en el cual guardo secuestrada a una chica de quince años (algunos sostienen que es un chico, y me parece bien mantener el suspenso). Con eso y la salud, ya te darás cuenta.

Fragmento de un diálogo de “Estamos como queremos o los monstruos en acción” (fechado en el año 1974., en Julio Cortázar, Papeles inesperados, Buenos Aires, Alfaguara, 2009.

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¿Puede hablar el subalterno?

Posted in Peer Review on enero 21st, 2015 by soypielroja

Algunas indagaciones, propuestas y consideraciones en torno a una extraña interrogación que procede de ámbitos académicos.

El que pregunta no se considera subalterno.

El que pregunta entiende que sí puede hablar: de hecho, al preguntar está hablando.

El que pregunta sugiere que el “subalterno” no habla. Al menos, el que pregunta no lo ha escuchado puesto que, de lo contrario, la pregunta carecería de sentido. El que pregunta no explica quién es el “subalterno”.

Tanto si habla, grita o aúlla, ese “subalterno” no está siendo oído por quien pregunta acerca de las posibilidades del “subalterno” de hablar. Ergo, el que pregunta lo hace retóricamente puesto que no hace oídos al “subalterno” sino a su propia pregunta y, eventualmente, a su respuesta.

El que pregunta ha dado un nombre extravagante y peyorativo a quien llama “subalterno”. Es posible que el “subalterno” no se reconozca bautizado con esa denominación.  Cuando Robinson Crusoe establece “te llamaré Viernes” para llamar a Viernes, ignoramos qué decisión adopta el llamado Viernes sobre cómo llamar a Crusoe. A lo mejor lo llama “idiota” pero no lo sabremos.

Proposiciones:

1. Un sano silencio permitirá a quien habla dejar de oír su propia voz y, eventualmente, averiguar quién habla.

2. Un sano silencio incrementa la reflexión y puede que considere absurdas algunas preguntas.

Qué dice la historia:

1. Las mujeres no tenían permiso para hablar. Al contrario, el silencio era la terapia que durante casi dos mil años les fue prescripta.

2. La prohibición de hablar se extendió a muchas otras: cantar, actuar en el teatro, votar, administrar sus bienes.

3. Siempre se prohíbe hacer lo que se puede hacer. Exceptuando las ficciones de Kafka, donde la desproporción de la ley es constitutiva de su crítica, en el mundo real los legisladores tienden a ahorrar energía y tiempo evitando prohibir prácticas que imaginan irrealizables: por el momento no está prohibido ir en bicicleta a la Luna y nadie lo ha intentado.

4. Se deduce de lo anterior que matar y robar son actos en extremo frecuentes entre los seres humanos.

5. No está claro que exista una prohibición universal contra el incesto. El debate sobre si esa inexistente prohibición es cultural o biológica pasa por alto el hecho de que dicha prohibición no se encuentre formulada. En cambio, las prácticas de incesto están ampliamente documentadas. Es extraño deducir que Edipo Rey revela que en todo hombre existe la fantasía de matar al padre y casarse con la madre. Aristóteles menciona que si uno mata a su padre ignorando la filiación, no hay dolo. En Edipo Rey queda perfectamente establecido que un padre sí puede desear y hacer cumplir su deseo de matar a su hijo, sin ignorar la filiación entre ambos. Layo decide matar a Edipo. Comete el error de encomendar la tarea a un tercero imbuido de compasión humana que incumplirá la orden. Tercerizar no siempre da buenos resultados.

El “subalterno” nunca está solo y con ese nombre nunca hablará o nunca será escuchado. ¿Yo puedo hablar? Si yo puedo hablar, haciendo uso del pronombre que está disponible para todos, todos pueden hablar. La pregunta es:  Quien se excluye del conjunto del “subalterno” y hace del subalterno una suerte de individuo inverosím revela que sólo se interesa en preguntar y responder su pregunta de manera retórica. ¿Yo puedo hablar? Tal vez sea la gran pregunta. Me llamarás subalterna. Yo te llamaré con nombres secretos.

 

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